En la merindad de Sotoscueva (provincia de Burgos, de la
CC.AA. Castilla y León) se encuentra el ojo de Guareña, unas enormes cuevas
kársticas. Dada a su ubicación y su tamaño había presencia humana desde tiempos
muy tempranos (así se encontró huellas de pie descalzos de 13.000 a.C.).
Durante la edad media, en concreto durante los siglos VIIII
y IX, servía perfectamente como lugar de retirada durante ataques y para
almacén de trigo y alimentos para los habitantes de las zonas de alrededor.
Posiblemente en estas fechas se comenzó rendir culto en estas cuevas o cerca de
ellas al Santo Tirso. Dicho martirio cristiano quien murió en 251 gozó de gran
popularidad a lo largo de la edad media, especialmente en el reino de León
anterior a la independencia castellana.
Una vez que dejo de ser necesario ocular la ubicación de las
cuevas, a partir del siglo XIII con el alejamiento de las fronteras y la
unificación de León con Castilla, se rendía abiertamente el culto en la entrada
de dichas cuevas. En su interior se dibujaba el martirio del santo en las
paredes de la roca, que se conservan hasta hoy en día.

Posiblemente se
implantó el culto de San Bernabé para reforzar el papel de los santos, en este
caso de un apóstol in oficial mencionado en los evangelios. La extensión del
culto en el reino de Castilla se reflejó igualmente cuando se había comenzado
celebrar las fiestas de San Bernabé desde 1521 en Logroño, es decir, siglo y
medio antes.
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Depósito en el interior de la cueva. |
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Restos de 5 o 6 humanos de épocas diferentes, guardados en el depósito. |
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