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15 feb 2013

El comienzo del Monopoly – o ¿Qué era realmente la “Gran Depresión” (1873 – 1914)? (VII)


 • ANNO 3, edit. Westermann, ISBN: 3-14-111949-X, Braunschweig, 2002

 • ALMUIÑA FERNANDEZ, Calso, „El proteccionismo cerealistico castellano en el XIX“, en historia 16, numero 41, Pág. 55 – 61

 • BAÑUELOS, „Sociedad, Economía y Cultura“, en Manual de Historia Contemporánea Universal, Numero 1, edit. Editorial Dilex S.L., ISBN: 84-88910-48-7, Madrid, capitulo 9

 • BERHORST, Ralf, „Das Prinzip Krupp“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, ISBN: 978-3-570-19781-3, Hamburgs, 2008, pag. 98 – 111

 • BERNHORST; Ralf, „Die Giftmacher“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, ISBN: 978-3-570-19781-3, Hamburgs, 2008, pag. 131 – 137

 • BISCHOFF, Jürgen, “Vorwärts durch Raum und Zeit”, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, ISBN: 978-3-570-19781-3, Hamburgs, 2008, pag. 56 – 71

 • BRÄUNLEIN, Peter, „Made in Germany“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, ISBN: 978-3-570-19781-3, Hamburgs, 2008, pag. 129 – 130

 • COSTAS, Anton, „El librecambio, la industrialización y sus desencantos: argumentos a favor del proteccionismo en la segunda mitad del siglo XIX“, en industrialización en España: Entusiasmos, Desencantos y Rechazos, edit. Editorial Civitas S.A., ISBN: 84-470-0990-4, Madrid, 1997, Pág. 205 – 225

 • Die Deutsche Geschichte, Volumen 3, ISBN: 3-8289-0413-0, Braunschweig, 2001

 • DÖBLER, Hansferdinand, Handwerk, Handel, Industrie, edit. Goldmann, ISBN: 3-442-11171-4, München, 1978 

 • Dtv-Atlas zur Weltgeschichte, Volumen 2, ISBN: 3-423-03002-X, Köln, 1966

 • FISCHER; Hendrik, „Beben in der Hansestadt“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, ISBN: 978-3-570-19781-3, Hamburgs, 2008, pag. 86, 87

 • GESCHICHTLICHE WELTKUNDE, Volumen 2, edit. Diesterweg, ISBN: 3-425-03312-3, Frankfurt am Main, 1977

 • GESCHICHTLICHE WELTKUNDE, Volumen 3, edit. Diesterweg, ISBN: 3-425-03313-1, Frankfurt am Main, 1977

 • GESCHICHTSBUCH, Volumen 3, edit. Cornelsen, ISBN: 3-464-05389-X, Bielefeld, 1988

 • GOTTSCHALK, Gesa, „Fliessmandbioniere“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, ISBN: 978-3-570-19781-3, Hamburgs, 2008, pag. 160

 • HENNING, F.W., Die Industrialisierung in Deutschland 1800 bis 1914, edit. Verlag Ferdinand Schöningh, ISBN: 3-506-99161-2, Paderborn, 1973

 • HENRI, See, Französische Wirtschaftsgeschichte, Band 2

 • Informationen zur politischen Bildung – Das 19. Jahrhundert 2, Numero 164, München, 1993

 • JÄGER, Wolfgang, Die Geschichte der USA, edit. Cornelsen, ISBN: 3-06-064225-7, Berlin, 2005

 • KLÜVER, Reymer, „Tod am laufenden Band“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, ISBN: 978-3-570-19781-3, Hamburgs, 2008, pag. 153 – 163

 • Knaurs Historischer Weltatlas, edit. Knaur, ISBN: 3-426-66421-6, München, 2000

• LADEMACHER; Horst, Geschichte der Niederlande, edit. Wissenschaftliche Buchgesellschaft Darmstadt, ISBN: 3-534-07082-8, Darmstadt, 1983

 • LOPEZ, S., & VALDALISO, José María, „Empresas, emprendedores y monopolistas en las rupturas industriales de dos finales de siglo“ en Cuadernos de economía y dirección de la empresa, Numero 17, ISSN: 1138-5758, Pág. 17 - 44

 • MARTINEZ SOTO, Ángel Pascual, “Las cajas de ahorros españolas en el siglo XIX: entre la beneficencia y la integración en el sistema financiero” en Revista de Historia Económica – Journal of Iberian and Latin American Economic History, año 18, numero 3, ISSN: 0212-6109, 2000, Pág... 585 - 628

• MÜLLER, Alfred, & BUCHHOLZ; Günter, www.grundrisse.net/grundrisse31/Vergleich_marxismus.html 

• PLUMPE; Werner, Familienunternehmen und Aktiengesellschaften, http://www.dhm.de/ausstellungen/gruenderzeit/exposes/Plumpe%20-%20Familienunternehmen%20und%20Aktiengesellschaften.pdf 

 • RADEMACHER, Cay, „Mit Volldampf in den Untergang“, en GeoEpoche – Deutschland um 1900, Numero 12, ISBN: 3-750-19448-5, Hamburgs, 2004, pag. 90 – 102

 • „Restauracion y Regencia (1874 – 1902) “en Bolsa: Revista Mensual de Bolsas y Mercados Españoles, numero 157, ISSN: 0211-5336, 2006, Pág... 26 - 32

 • SABATE SORT, Marcela, “El proteccionismo de fin de siglo”, en Studia Historica – Historia Contemporánea, volumen 17, edit. Ediciones Universidad de Salamanca, ISSN: 0213 – 2087, Salamanca, 1999, pag. 105 – 132

 • SAUTTER, Udo, Lexikon der amerikanischen Geschichte, edit. Beck, ISBN: 3-406-39294-6, München, 1997

 • SCHEUERMANN, Christoph, „Duell der Erfinder“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, ISBN: 978-3-570-19781-3, Hamburgs, 2008, pag. 138 – 139 

 • SCHRÖDER, Jens, “Räuberbarone, en GeoEpoche – Amerikas Weg zur Weltmacht (1498 – 1898), numero 11, ISBN: 3-570-19431-0, Hamburgs, 2003, pag. 132 -141

 • SEITERS, J, & WALZ, J.B., Das Werden der modernen Welt durch die wirtschaftliche und gesellschaftliche Revolution, edit. Hermann Schroedel Verlag KG, Hannover, 1971

 • SIGRIST, Christian, Neue Rheinische Zeitung 22 august 2006

 • SPIELHAGEN, Wolfgang, „Aufstand im Revier“, en GeoEpoche – Deutschland um 1900, Numero 12, ISBN: 3-750-19448-5, Hamburgs, 2004, pag. 78 – 88

 • TIRADO FABREGAT, Daniel A., & HERRANZ LONCAN, Alfonso, „La restricción exterior al crecimiento económico español (1870 – 1913)“, en Revista de Historia Económica – Journal of Iberian and Latin American Economic History, Año 14, numero 1, ISSN: 0212 – 6109, 1996, Pág. 11 – 49

 • www.lry-muenchen.de/u51a111/webserver/webdata(vo12114.pdf 

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7 feb 2013

El comienzo del Monopoly – o ¿Qué era realmente la “Gran Depresión” (1873 – 1914)? (VI)

Indice:

Introducción
¿Cuáles eran las causas de las crisis / la gran depresión?
¿Qué consecuencias tenían las crisis? 
1) Las consecuencias políticas
2) Las consecuencias económica
3) Las consecuencias socio – culturales 
Conclusión
Fuentes

Conclusión

Durante el ultimo tercio del siglo XIX se formaron las bases de una economía que 1929 se derrumbó; al mismo tiempo era la transición entre la primera y la segunda industrialización.
Con todo no había ninguna situación radical o similar a la de después de 1929; tampoco se podría decir que las crisis económicas habían provocado la primera guerra mundial como ocurrió en el caso de la segunda. Simultaneamente crecía la economía progresivamente aunque había una serie de crisis. 

La cantidad de carbón extraído en miles de toneladas, entre 1820 y 1913. Amarillo: Austia - Hungria, morado: Bélgica, negro: estados alemanes y desde 1871 Alemania, azul: Francia, rojo: Gran Bretaña, marrón: Rusia (Knaurs Historischer Weltatlas, edit. Knaur, ISBN: 3-426-66421-6, München, 2000, 211 y 213).
En los gráficos se puede observar la cantidad de producción de carbón, acero y vías de ferrocarril. Lo que a primera vista destaca es que había en todos los países un crecimiento continuo. La única diferencia era la velocidad: antes de 1870 era más rápida que después de 1875, principalmente porque el mercado se había saturado. En el caso del carbón se explica más bien que desde 1875 las minas europeas habían llegado a sus limites de máxima eficacia, mientras que en Rusia había numerosos lugares cuyo carbón no se había extraído por entonces (algo que cambiará con la formación de la Unión Sovietica). 

La cantidad de acero producido en miles de toneladas, entre 1820 y 1913. Amarillo: Austia - Hungria, morado: Bélgica, negro: estados alemanes y desde 1871 Alemania, azul: Francia, rojo: Gran Bretaña, marrón: Rusia (Knaurs Historischer Weltatlas, edit. Knaur, ISBN: 3-426-66421-6, München, 2000, 211 y 213).

En el caso de la producción de acero se observa el gran predominio que había tenido Inglaterra antes de 1870. Desde 1875 hasta 1900 la producción, a pesar de las nuevas tecnologías, no cambiaba (excepto Rusia y Austria - Hungria, los dos imperios menos industrializados), mientras que desde 1900, debido a las tensiones politicas que culminarían con la primera guerra mundial, se aumentó fuertemente. 

Ese estancamiento se manifestó en el tamaño de las redes ferroviarias, donde no se podía aumentar facilmente la produccion (gráfico abajo).

Las crisis en esos datos brillan por su ausencia, al contrario, había nuevos productos para producir y nuevas tecnologías: el método Bessemer (1856), el acero en vez del hierro fundido desde 1860, el teléfono de Graham (1876), la lámpara de Edison (1878), la locomotora eléctrica de Siemens (1879) y el generador potente de Parsons (1890). 

Kilometros de red ferroviaria en km existente entre 1820 y 1913. Amarillo: Austia - Hungria, morado: Bélgica, negro: estados alemanes y desde 1871 Alemania, azul: Francia, rojo: Gran Bretaña, marrón: Rusia (Knaurs Historischer Weltatlas, edit. Knaur, ISBN: 3-426-66421-6, München, 2000, 211 y 213).

El mejor ejemplo que en gran parte segía el progreso de la economía seria el duelo entre Edison y Westinghose. 1879 había inventado Edison la lámpara que podía funcionar mejor que ninguna otra; 1882 combinó un dinamo con una maquina de vapor y construyo en Nueva York el primer centro energético. Fundo la Edison Electric Light company. Pero su monopolio de electricidad corriente continua no duro mucho: 1885 comenzó un competidor, Geogre Westinghouse, con la Westinghouse Electric and Manufacturing Company y la corriente alterna. Le quitó los clientes con éxito. 1890 ya había 130 ciudades electrificadas. Westinghouse tendrá el mismo destino como Carnegie o Krupp: 1907 pierde el control sobre su empresa y los accionistas le expulsan de su propia fábrica. 
Eso estimulo a otras industrias como por ejemplo el ferrocarril: ahora se reemplazo de poco en poco a todos los ferrocarriles de vapor por ferrocarriles eléctricos; y duraría casi 50 años hasta que se conseguía el cambio (SCHEUERMANN, Christoph, „Duell der Erfinder“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, 138 – 139). 

Los nuevos inventos evitaban una gran crisis productiva – y también servían como colchones para las crisis financieras siguientes. 1873 aun no había ese colchón, entonces el mercado estaba realmente saturado. Sin embargo la industria se podía mantener simplemente porque la influencia financiera aun no era extraordinaria. Muchas empresas familiares o mixtas (familiares y accionistas) habían tenido una cierta estabilidad, suficiente para aguantar la crisis pero no para sobrevivirla, se tenían que convertir en accionistas para poder tener los recursos financieros necesarios con el fin de emplear las nuevas tecnologias (caras). En España, por ejemplo, solo en Madrid, Barcelona y Vizcaya había una influencia financiera. Para el resto de la Península, todo indica la insuficiente penetración, pero entontes, entre el sistema financiera y la economía productiva („Restauración y Regencia (1874 – 1902)“, 31). Y en Francia, por ejemplo, faltaba capital para poder haber especulado con ello previamente: todo el dinero francés tenia que ir a pagar las reparaciones alemanas. Por eso llego la crisis allá cinco años mas tarde (HENRI).  Tampoco fue una gran crisis porque los países más industrializados eran solo Inglaterra y los Estados Unidos; y ambos tenían un mercado amplio para curarse: el Wild West y el British Empire; los que sufrían realmente eran los pequeños centros financieros y unas pocas industrias europeas. Se espera haber destacado que la crisis había sido en primera línea una crisis financiera, causada realmente por efectos psicologías y las reacciones frente a ellas. 

Lo que podía haber sorprendido era la falta de mención del foco colonial que había comenzado su auge en 1885. La explicación era, que únicamente Inglaterra y los Estados Unidos tenían un imperio colonial (los USA de manera mas indirecta) con una relevancia económica. Y por eso esas potencias eran los que menos habían sufrido las crisis, porque podían usarlos como mercados coloniales. Las otras potencias – Alemania, Francia, Italia, España, los Países Bajos y Bélgica – intentaron imitar al British Empire, pero realmente sus colonias eran objetos de prestigio y no había una estrecha relación económica entre las colonias y el centro metropolitanos. 

Los que realmente ganaron en la crisis eran los (fuertes) sectores industriales y financieros, cuales, a través de selección, conseguían construir autenticos imperios monopolios económicos; con los cuales controlaron al mundo político. Ese dominio comenzó en 1873 y duró hasta el 1929; después se podía recuperar de poco en poco durante los años 40 y 50 del siglo XX hasta el siglo XXI – interrumpida por pequeñas crisis, sea el fin del Wirtschaftswunder, la crisis petrolera o la crisis que comenzó en el 2009. 

Tablero del Landlords Game, de Elizabeth Magie, 1904.  




6 feb 2013

El comienzo del Monopoly – o ¿Qué era realmente la “Gran Depresión” (1873 – 1914)? (V)


En esa parte se quiere señalar brevemente las consecuencias más bien ideológicas que tenían las crisis; las mentalidades de los diferentes grupos sociales. Cada grupo social y cultural intentaba buscar explicaciones diferentes para y reacciono de manera diferente ante las crisis. Se podría hablar, de manera muy simplificada, de cuatro reacciones: la neoclásica, la marxista, la nacionalista y la antisemitita. 

3.1) Teoría neoclásica – la elite económica 

Desde el siglo XVIII hasta al primera mitad del siglo XIX había dominado entre la clase media y alta la teoría de la economía nacional de Adam Smith: la libre competencia en el mercado. En continuación desde los años 20 del siglo XX hasta los años 70 del mismo siglo dominó el pensamiento de la intervención estatal conocido como el Keyenianismo
En el periodo durante la segunda mitad del siglo XIX dominó una tercera teoría, la del Neoclásico. Esa teoría, creada y definida por científicos como el francés Leon Walras (1834 – 1910), el austriaco Carl Menger (1840 – 1921), el austriaco Eugen Böhm von Bawerk (1851 – 1914) y el ingles William Stanley Jevons (1835 - 1882), consideró que el valor de los bienes esta determinado por el deseo y la necesidad (en otras palabras: por la demanda) en vez del coste de la producción. Era una teoría que dejó de enfocarse en la producción; en cambió se interesó más por el sector financiero. 
En la teoría dictaría el mercado (la demanda de los clientes) precios; en tanto que los empresarios solo tendrían que regular la cantidad de los productos. Mientras que la economía nacional de Smith estudió el origen, crecimiento y la repartición de la riqueza en la sociedad, la neoclásica solo se fija el intercambio entre los individuos, la repartición de los productos. 
Según la teoría neoclásica el mercado suele ser estable, con un perfecto equilibrio. Luego es imposible el paro involuntario ni la sobreproducción involuntaria, sino son los actos voluntarios cuales hacen inestables al mercado. Y la mayor inestabilización se produce si el estado interviene o si hay intranquilidad social (como si por ejemplo los sindicatos piden aumentos de salarios). 
Herbert Spencer (1820 -1903)
En efecto, el estado debe ocuparse de los problemas sociales ratifícales, por el contrario se deba dejar en paz al mercado natural. No hay ciclos económicos – sino un crecimiento continuo, que por causas extrañas al sistema puede ser interrumpido. Spencer con su obra Social Statics aclaró que constantemente ganaría el mas fuerte (no fue Darwin quien acuño la frase the survival of the fittest sino Spencer) (SCHRÖDER, 134). 
Esa visión neoclásica dominó y servía como justificación para los empresarios. Tenían una base de legitimación para defenderse contra los obreros de abajo y el estado de arriba, y estaban convencidos que la economía crecería continuamente. Una visión muy optimista que no se vio afectado por las crisis financieras, al contrario: de las crisis salían ganando los fittest

3.2) Teoría marxista – el pueblo popular 


Karl Marx (1818 - 1883)
Si en teoría anterior se prima al mercado, Marx desarrolló su teoría al revés; en vez de ser el mercado la base económico lo es la producción. La teoría de Marx es demasiado complejo para desarrollarla aquí, tampoco seria adecuado crear un resumen sintético y superficial. Lo que mas importaba aquí eran las influencias de las ideas de Marx y de otros pensadores en la clase baja (la obrera) y los intelectuales de la izquierda. 
La situación de la clase baja era pésima durante las crisis: ¼ de los obreros de Berlín estaban 1873 en paro (Die Deutsche Geschichte, 391), y aunque desde 1887 subían los salarios también los precios de los productos básicos como pan o el alquiler. Escasos empresarios, como Krupp, intentaban mantener la lealtad y la capacidad de sus obreros. 
España fue el primero en usar el
emblema de la  primera conferencia.
Esa situación cambió desde 1873 cuando arrancó con fuerza la segunda revolución industrial. Mientras que las empresas accionistas comenzaban con su crecimiento y con la formación de monopolios, los obreros comenzaban organizarse y comunicarse entre si. Es más: comenzaban identificarse con una clase obrera. Como el sueldo real subía mínimamente y las medidas estatales solían ser mínimas, comenzaban los obreros con la creación de diferentes organizaciones obreras. 1864 había la primera conferencia internacional; 1889 la segunda. Una serie de partidos, sindicatos y agrupaciones políticos se formaron durante la Gran depresión: La Trade Union Congress en Inglaterra (1868), la Sozialistische Arbeiterpartei Deutschlands (1875), la American Federation of Labor (1886), la Sozialdemokratische Partei Österreichs (1889), la Sozialdemokratische Partei Deutschlands (1891), el Partido Socialista Italiano (1892), la Independent Labour Party inglesa (1893), la Confederation Generale du Travail francés (1895). Junto a los partidos sociales de la izquierda también hubo movimientos sociales religiosos, como los mineros católicos de Essen (Alemania) o los obreros católicos españoles. 
Las organizaciones socialistas solían basarse en las teorías de Marx (y también de otros teoréticos), ya que eran ellos quienes mantenían y aseguraban la producción. Sin producción, el mercado se quedaría sin su fundamento. Como se observa tanto la teoría marxista como la neoclásica se contradicen profundamente: los empresarios hablan de un mercado omnipresente que regula todo naturalmente reduciendo la importancia de la producción (y de los obreros). Evidentemente ellos deseaban mejorar su situación y opinaban que el mercado más bien dependía no solo de la demanda, sino de la producción y de los obreros quienes se cargaban con el peso. 

3.3) Teoría nacionalista – primera visión del Kleinbürgertum 


Antonio Cánovas del Castillo (1828 - 1897)
La clase media estaba mas nerviosa. Tenia las ideas intranquilas de los obreros socialistas de abajo y la economía clásica de arriba que les excluya del poder ya que excluía al estado. La clase media en el fondo se había formado y había crecido gracias al estado, por lo tanto esperaban seguridad de la misma. Muchas veces confundieron al estado con la nación. En vez de seguir al ideal cosmopolita liberal tenían más gusto por una idea local, nacional. Eso se manifestó en España bien con CanovasEl discurso nacionalista de Canovas venia apoyado (…) en el reconocimiento de la importancia de lo nacional en la economía (COSTAS, 219). 
Así pues era la clase media que reclamaba primero al proteccionismo: eran los que menos podían competir en un mercado internacional (ya que muchos miembros de la clase media eran dueños de pequeños talleres y tiendas familiares quienes evidentemente no podían competir con los gigantes empresas accionistas); y eran los que mas regional pensaban. 
Evidentemente las empresas accionistas al inicio de las crisis se beneficiaban con el proteccionismo: lo que los burgueses olvidaban era que el proteccionismo no solo reducía la competencia exterior para sus propias empresas pequeñas y familiares, también las empresas accionistas grandes de los propios países tenían mayor facilidad de comprarlos y arruinarlos. Una vez finalizado ese procedimiento unas pocas empresas tenían prácticamente el monopolio, y entonces era cuando volvían a luchar contra el proteccionismo (lo que ocurrió a partir de 1918 y de nuevo desde 1945). 
La clase media, en vez de concentrarse en factores económicos como los empresarios o obreros, se identificaban exageradamente con el concepto de una nación. Algo que tanto a los marxistas como empresarios no les interesaba. Krupp por ejemplo vendía sus cañones tanto a los franceses como a los alemanes; con la consecuencia irónica que en la segunda guerra mundial mataban soldados franceses a alemanes con munición alemana. 

3.4) Teoría antisemitita – segunda visión del Kleinbürgertum

El nacionalismo de la clase media tenia como consecuencia el desarrollo de una idea de nosotros en contra de los otros. Y esos otros solían ser otras naciones, contra los que se protegía mediante el proteccionismo o leyes como Made in….
Resulta problemático si en una nación vivían personas que no se identificaba con el concepto artificial de nación, como los Roma y Sinti (por su cultura diferente) o los judíos (por ser una minoría religiosa). A lo largo del siglo XIX se comenzó cientificar al concepto artificial de nación con la idea de las razas, lo que llevó al tal extremo que no solo los otros eran personas con una cultura o religión diferente, sino por si fuera poco eran otra raza que luchaba contra la nuestra. De ese motivo una persona nacido en Alemania con fe judía se convirtió de repente en un miembro de la raza judía. 
La religión judía estaba mal visto por la religión cristiana en el mundo occidental, por si fuera poco los miembros de dicha religión se diferenciaban de los cristianos por los ritos religiosos, un propio lenguaje y sus trajes tradicionales como la Kipá. Como a lo largo de la edad media y moderna muchos negocios estaban prohibidos para personas de fe judía, terminaron concentrándose en el sector financiero y empresarial. 
Emil Rathenau (1838 - 1915)
La consecuencia era que por ejemplo en 1907 el 22,6 % del sector industrial alemana y el 55,2 % del sector comercial alemán estaba ocupado por judíos; y Rathenau, la familia que dominaba y había fundado a la AEG, también tenía la fe judía. 
A pesar de que no llevaban mas gorros amarillos medievales ni aún las estrellas amarillas nacionalsocialistas conocía la población quienes eran uno de ellos y quienes no. 
Durante todo el siglo XIX había una gran tolerancia religiosa, sin importar la religión o cultura que se tuviera. Ahora bien: con las crisis volvía el miedo y la búsqueda de los culpables. En 1879 escribió el reportero alemán Wilhelm Marr su obra Der Sieg des Judentums über das Germanentum (La victoria judía sobre los germanos) y culpó a los Judíos de la crisis de 1873. Además inventó al substantivo Antisemitismo (Christian Sigrist, Neue Rheinische Zeitung 22 agosto 2006). Un año antes había publicado Otto Galgau (1834 – 1892) la obra Der Bankerott der Nationalökonomie, donde acusó a los Judíos, que habían fingido las crisis con el fin de enriquecerse. 


% de empleados y propietarios judíos en alemania, 1877 (GESCHICHTSBUCH, Volumen 3, edit. Cornelsen, Bielefeld, 1988, 155)


En Francia hubo igualmente un fuerte crecimiento antisemitita: Eduard Drumont (1844 – 1817) publicó en 1880 La France juive – y tampoco se debía olvidar la affaire Dreyfus. Ni en España ni en Italia surgió el antisemitismo, simplemente porque durante al edad moderna se había avisado amablemente que no se quería tenerlos en sus países; tanto en Inglaterra como en los USA había abundantes personas de fe judía donde era una cosa puramente privada y irrelevante para la política y economía. 

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26 ene 2013

El comienzo del Monopoly – o ¿Qué era realmente la “Gran Depresión” (1873 – 1914)? (IV)


Debido a las crisis las empresas pequeñas y débiles se hundieron; por el contrario las empresas más poderosas y estables crecían conquistando conquistar el terreno de sus competidores desaparecidos. Aun así se necesitaba capital si se deseaba crecer. Por consiguiente muchas empresas, cuales anteriormente eran empresas familiares, terminaron convirtiéndose llegando a la bolsa en grandes empresas accionistas internacionales. A ese proceso acompañaba una fuerte tendencia hacia la monopolización. Simultáneamente se transformaron los bancos. 

El punto de vista de los gigantes Trust.
2.1). Transformación empresarial – de Krupp a Carnegie

Alfred Krupp (1812 - 1887)
Desde la caída del imperio romano occidental hasta mitades del siglo XIX en el mundo occidental dominaban las empresas pequeñas y familiares. Habitualmente bastaba con pocas personas para establecer un taller o para negociar seda veneciana. Incluso Krupp al inicio del siglo XIX había sido una pequeña empresa familiar. Para proyectos de mayor escala se necesitaba más capital y una administración más amplia. Como ejemplo sirven las compañías inglesas de las indias, que se desarrollaron durante la edad moderna. Esas sociedades solían ser sociedades accionistas, donde varias personas particulares ingresaban con algo de capital; y unos directores organizaban el negocio. Esa forma de administrar una empresa, que comenzó a lo largo del siglo XV, posibilitó la financiación de la primera revolución industrial. Durante la época de las crisis financieras se arruinaron a muchas empresas pequeñas que habitualmente habían estado en manos de las familias de los respectivos fundadores, como ocurrió con la empresa familiar más grande de Alemania: Krupp. 
Andrew Carnegie (1835 - 1919)
Alfred Krupp, el señor del acero alemán, era el último de su especie; los nuevos empresariales eran organizadores quienes no habían fundado sus empresas ni quienes guardaban mayores vínculos con las empresas, como Carnegie, el señor de acero de los USA. Durante años había financiado Alfred Krupp sus fábricas y proyectos de acero con deudas. Al final tenia 22 millones de marcos como deuda. 
Justo cuando el mercado de acero comenzó a saturarse, ocurrió la crisis financiera y los prestamistas reclamaban el dinero. Krupp intentaba pedir ayuda del estado; recibiendo una cantidad insuficiente. Al final tenia que aceptar la ayuda financiera por un consorcio de bancos en 1874 quienes le prestaron 30 millones de marcos. Krupp que continuamente había rechazado a los capitalistas de los bancos y la bolsa, dejó de ser su propio señor; y solo con dificultad podía aumentar su influencia desde 1879 (BERHORST, Ralf, „Das Prinzip Krupp“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, Hamburg, 2008, 98 – 111). 

Las transformaciones empresariales se debían especialmente a los cambios tecnológicos. El ferrocarril, los buques de vapor, el telégrafo y el teléfono, junto con la unificación horaria nacional e internacional, el sistema de correos y telegráfico internacional, el sistema universal de pesos y medidas (LOPEZ, S., & VALDALISO, José María, „Empresas, emprendedores y monopolistas en las rupturas industriales de dos finales de siglo“ en Cuadernos de economía y dirección de la empresa, Numero 17, ISSN: 1138-5758, 21) permitían un aumento considerable de las empresas. 
Villa Hügel (Villa Colina), el hogar construido por Alfred Krupp junto a su fábrica central, en 1873.
No era más necesario que el centro administrativo este conectado con la fábrica ni era necesario que empresarios como Krupp vivan al lado de su fábrica. Se podía organizar sus fábricas desde Escocia, como lo hizo Carnegie. Se podía delegar el poder porque en casos de problemas bastaba un telefonazo. Carnegie entendía a diferencia a Krupp nada de la producción de acero; nunca había vistió una fabrica de acero por adentro. Sin embargo era un excelente organizador. 
La empresa Knorr, fundada 1875 por los hermanos Carl Heinrich Eduard Knorr y Alfred Knorr, se convirtió 1899 en una sociedad de acciones; la 1885 fundada empresa Maggi por Julius Maggi termino siendo una sociedad accionista; la empresa que fundo Henri Nestlé 1877 escasas décadas después era la Farine Lactee Henri Nestlé S.A. y la 1839 fundada empresa familiar Stollweck de chocolate se convirtió 1876 en una empresa accionista. La Coca Cola Company ya ni tenía un comienzo familiar, era una fundación directamente de accionistas 1892. 
Aparte de los cambios tecnológicos la razón de la conversión de empresas familiares hacia las empresas accionistas o anónimas también se debe a la necesidad de capital fluido para que crezcan. La familia Krupp, aunque tenía riquezas y propiedades acumulados desde que se fundó, no tenía fondos suficientes para salvar su empresa en 1874, ni había expandido desde la década de los 30 por la simple falta de dinero. Solo se mantenía de una forma: o se endeudaba, o permitía la participación de otras personas (y así empresas). Por esa razón hoy en día, al inicio del siglo XXI, las empresas familiares de tamaño medio o grande son extraños. 

2.2) Monopolización

John D. Rockefeller (1839 - 1937)
Las empresas accionistas, complejas y con considerable capital, eran capaces de monopolizar al mercado. Las crisis de las bolsas eliminaron o debilitaron a los competidores, de tal forma que las empresas más potentes arruinaron a sus competidores como lo hizo Carnegie o los compraron al estilo Rockefeller
Se debe distinguir en ese sentido entre tres formas de monopolización del mercado: Grupos de presión, Carteles Sindicatos y Trust. 
Los Grupos de presión son simples sociedades flojas de empresas independientes cuales solo juntan sus intereses cuando ven una amenaza contra su rama comercial como los grupos de presión de los campesinos agrícolas. 
Los carteles ya son uniones mas estables; las compañías independientes regulan los precios y se reparten entre si el mercado. Entre los carteles estaban los sindicatos donde unas pocas empresas juntaban grandes partes de su producción; dependiendo cada una de otra. 
La forma mayor era el Trust: cuando una sola empresa domina grandes partes de la producción (la producción vertical, la horizontal o ambas). Un Trust es realmente poderoso y mejor organizado que todas las formas anteriores; es la manifestaron máxima del mono capitalismo. 

HENNING, F.W, 216.

En ese grafico se puede ver el desarrollo de los grupos de presión (Interessenverbände) y de los carteles (Kartelle) en Alemania. Desde el 1836 había abundantes grupos de presión, mayoritariamente agrarias. Desde el 1880, años después de la gran crisis de 1873, comenzaron a unirse varias empresas industriales, creando carteles y sindicatos de gran peso como, en la industria química, Bayer, AGFA y BASF, o en la industria eléctrica Siemens y AEG
Para explicar la creación de un monopolio, sirve la historia de Siemens y la AEG (GESCHICHTLICHE WELTKUNDE, Volumen 3, edit. Diesterweg, Frankfurt am Main, 1977). 1900 había ocho empresas grandes: Felten & Guillaume, Lahmeyer, Union Elektrisches Gas, AEG, Siemens & Halske, Helios y Schuckert. 1910 ya eran cuatro: Felten & Guillaume se habían fusionado a Lahmeyer a Felten & Lahmeyer; La Union Elektrisches Gas fue comprada por la AEG; Siemens & Halske habían comprado una parte de Helois y Schuckert la otra. Ese proceso seguía después de 1910, en la cual la AEG compro a Felten & Lahmeyer y Siemens & Halske se fusiono con Schuckert a Siemens – Halske – Schuckert. Ambas empresas crecían de dos modos diferentes: la AEG iba conquistando, Siemens fusionando. Ambos formaron desde 1910 un cartel, dictando juntos los precios en el mercado. Si se hubieran unido, hubieran creado un Trust. 


Cornelius Vanderbilt (1794 - 1877)
En los USA el proceso seguía a pasos aún más acelerados. Los fabricantes de carne de Chicago se unían 1886 en el cartel de los Big Five, los Meatpackers o el Beef Trust. Controlaban ¼ de todas las exportaciones a Inglaterra, e influyan en la economía de Argentina, Brasil y Uruguay (KLÜVER, Reymer, „Tod am laufenden Band“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, Hamburg, 2008, 153 – 163) Lo característico del mundo económico estadounidense tras las crisis financieras fueron los Trust. Los líderes correspondientes de los Trust eran auténticos Trust Tycoons: Cornelius Vanderbilt era el Tycoon de los trenes y naves, Carnegie lo fue para el acero; John D. Rockefeller domino 1880 el 90 % del petróleo de los USA y Ford controlaba 1914 el 50 % del mercado automovilístico. Los Trust controlaban el 40 % de todas las acciones en 1900, y a su vez sus directores, quienes eran solo el 2 % de la población americana, ganaban el 60 % de las ganancias. Y hasta 1904 se unían 5300 empresas en 319 conglomerados (carteles, sindicatos o Trust). 

Historia se repite: Los barones del robo de la edad media y de la actualidad (Siglo XIX).

Esos Trust tenían un poder difícil de imaginar. La sociedad les admiraba y les temía. Nunca en Europa había un Trust que podría compararse con los Trust norteamericanos. Un Trust no solo tenía numerosas fábricas bajo su control, sino miles de trabajadores dependían de ellos y ramas económicas enteras con importancia militar estaba bajo su control (petróleo, acero). Formaban auténticos estados dentro de los estados unidos. Desde los años 90 del siglo XIX intentaban luchar los políticos estadounidenses contra ellos. Sin embargo el Sherman-Anti-Trust Act de 1890 prácticamente pasó de ser percibido; incluso Theodore Roosevelt intentaba deshacer a los carteles sin éxito. Un truco que empleaban los Trust era disolverse voluntariamente en varias empresas, ahora bien: en realidad seguía una empresa controlando a la empresa menor teniendo las acciones y colocando como directores a los propios empleados etc. 
Y en el siglo XXI siguen dominando los Trust, desde General Motors que casí 2009 dejó de existir, hasta Microsoft, Ikea y las tres cadenas FastFood McDonalds, KFC y BurgerKing

2.3) Transformación bancaria – Carnegie y Morgan 

Tanto la creación de empresas accionistas como la monopolización se llevó a cabo en el mundo financiero. Al inicio del siglo XIX había numerosos bancos privados, muchos de ellos en manos de pocas familias. Con la liberalización de las bolsas se permitía la creación de bancos accionistas, dotándoles con mayores recursos que los tradicionales bancos privados. 



La tabla superior muestra el peso financiero de los bancos alemanes entre 1860 y 1913, en miles de millones de marcos. Anteriormente se había hablado de los Bancos emisores de los estados, de las cajas de ahorro y las cooperativas de créditos. Lo que ese tabla pretende destacar era el claro crecimiento que tenían los bancos de crédito cuales invertían su capital en proyectos y en la bolsa – igualmente como los Lehman Brothers durante unos años en el siglo XXI. Lo que se observa es el dominio de los bancos de crédito y de los bancos hipotecarios privados (ambas se solían financiar mediante acciones) frente a los bancos privados, incluso llegaron a ser tan poderosos como las cajas de ahorro estatales. 
Cada crisis financiera en la bolsa derrumbaba los bancos débiles o pequeños y reforzaba los bancos fuertes; como la crisis el sector crédito de Paris en 1882 o cuando se derrumbó el banco de la casa Bering en la crisis de 1893 de Londres
En cambio el crecimiento de los bancos privados era lento, por su capital limitado. Lo mismo ocurrió con los bancos hipotecarios públicos, cuales escasamente se arriesgaban a dar créditos a proyectos peligrosos. Es muy interesante observar como varios bancos, fundadas previamente a 1871, siguen existiendo hoy; siendo los más ricos y poderosos del mundo: - la 1812 fundada Citigroup de los USA esta en el tercer rango de los bancos mas poderosos (los rangos corresponden del año 2009); - 1865 se había fundado la HSBC entre accionistas ingleses, alemanes, suizos, persas y estadounidenses – siendo el numero 5 en 2009; - Sorprendentemente es el Banco Santander S.A. de España el numero 10 – y fue fundada 1857; creciendo fusionándose con numerosos Bancos, Alemania esta presente con la Deutsche Bank en el rango 21 que se había fundado 1870; y Francia con la Societe Generale de 1864 en el rango 22. 
J.P. Morgan (1837 - 1913)
Aun así el Banco mas poderoso en 2009 en la J.P. Morgan & Co, fundada en 1895. Y manifiesta por excelencia a los verdaderos dueños en la economía, los ganadores de las crisis entre 1873 y 1914 (¿Quizás también lo sean con la crisis financiera del inicio del siglo XXI?). La banca penetro en la estructura industrial, (BAÑUELOS, 366) ninguna empresa podía hacer grandes proyectos o comprar a su competidora sin el suficiente dinero fluyente. Una empresa podría ser mas rica que un banco. Sin embargo la riqueza se manifestó en tierra, productos, fábricas: no era una riqueza líquida. 
John O.Morgan era un especulador. Nunca había trabajado en una fabrica ni había fundado alguna. No había organizado diferentes fábricas y empresas como Rockefeller o Carnegie. Sin embargo en 1899 tenía 746 (!) puestos de director en 134 empresas diferentes. En 1899 había comprado una serie de fábricas y empresas de producción de acero, creando la empresa segunda más grande de los USA – la Federal Steel – y declaro la guerra a Carnegie, el alpha metálico. Carnegie, capitán de una empresa accionista más poderosa de los EEUU, sabía que no tenía el capital suficiente como Morgan. El capitán industrial, que había sido más eficaz que Krupp, se rindo a Morgan. Para 480.000.000 US-Dollar vendió su imperio. (SCHRÖDER, Jens, “Räuberbarone", en GeoEpoche – Amerikas Weg zur Weltmacht (1498 – 1898), numero 11, Hamburg, 2003, 132 -141) 

Las crisis financieras, cuales arruinaron aparte de las pequeñas empresas accionistas nuevas y débiles, acabaron con las empresas familiares, fomentando el crecimiento de las empresas accionistas monopolistas. Como cada crisis no hizo más que reforzar los más fuertes, al final el capitalismo financiero conseguía dominar al capitalismo productivo monopolista – y lo domina hasta hoy, el siglo XXI. 

Y el Banco de Morgan sigue siendo el más rico del mundo.

25 ene 2013

El comienzo del Monopoly – o ¿Qué era realmente la “Gran Depresión” (1873 – 1914)? (III)


Se podría decir que las consecuencias económicas de las crisis eran por un lado la concentración empresarial y por el otro grado la tendencia hacia el proteccionismo. Evidentemente afectaban las crisis de igual grado al ámbito político y al social. Este “capitulo” se dedica al estudio de esos tres aspectos. 
De esa manera, en el primer instante, se tiene las consecuencias políticas de las crisis financieras: por un lado aumentó la influencia estatal en el mundo político, por el otro lado se procuró mejorar la situación de la clase baja. La política intervino en la bolsa mediante regulaciones, de igual forma comenzó controlar de forma más eficaz la emisión de la moneda.
El tercer instrumento empleado fue un aumento el proteccionismo con el fin de proteger los propios productos, evitando como efecto secundario una influencia considerable de las especulaciones financieras a nivel internacional. El otro camino fue una intervención estatal en las medidas sociales, ofreciendo servicios sociales y creando cajas de ahorros con el fin de evitar un considerable descontento social. 
Las crisis de las bolsas reforzaban el poder del estado, pero también transformó el mundo empresarial. El estado se fijó en proteger la industrial real y tranquilizar las clases bajas de la población, dejando tranquilo a las empresas. De esa forma se arruinaron las empresas familiares tradicionales y las empresas accionistas nuevas, lo que provocó el crecimiento de grandes y poderosas empresas accionistas monopolizadoras independientes de los actos y decisiones estatales. 
Finalmente afectaban las crisis financieras en la mentalidad y la cultura de los ciudadanos contemporáneos, que se manifestaba en las teorías neoclásicas, marxistas, nacionalistas y antisemitas. 

A modo de resumen, las crisis financieras provocaban un intento, tanto del estado como de las empresas, de crear estructuras centralizadas, homogéneas y estables, otorgando notable poder en manos de unos pocos, con el único fin de evitar factores inestables como la especulación. Sin embargo, igualmente sufrían las clases bajas y medias esas medidas. Tanto los precios como el control estatal aumentaban, y culturalmente se difundían ideas que sobrevaluaban la identificación con un grupo puntual (nacionalismo con una nación, marxismo con una clase, y antisemitismo con una raza). 

1) Las consecuencias políticas


Cuando varias empresas pequeñas se derrumbaron y abundantes personas, tras años de especulación, se arruinaron, reclamaban la ayuda del estado: la burguesía pequeña y media; en fin: la clase media. Temían la perdida de su preciado estatus socio-económico. 
El Kleinbürgertum era un grupo social cuyos miembros con considerable trabajo y ahorros lograban el salto de la clase baja (obreros y campesinos pobres) hacia la clase media, valorando la disciplina y formación. Los miembros de ese grupo solían ser terratenientes en el campo rural, abogados, profesores, funcionarios, médicos, la mayoría ubicada en zonas urbanas. La clase baja, que básicamente por falta de (suficiente) capital estaban ajenos del mundo de las especulaciones, era la que más sufría las consecuencias y su descontento de la situación social aumentó considerablemente. Debido a las crisis perdió la clase media su fe en el liberalismo y desconfiaban de los burgueses que tanto habían admirado (aún siguiendo   imitandolos). Por el otro lado temían las posibles protestas sociales o inclusos movimientos revolucionarios por parte de la clase social baja. 
Eso llevó hacia la llamada de ayuda al estado: el estado debe arreglar lo que el mercado había deshecho. Y el estado, cuyo pilar desde el siglo XVIII había sido la clase media a la cual prácticamente todos sus funcionarios pertenecían, reaccionó en los cinco campos que le eran posible: la regulación de la bolsa (con el objeto de evitar especulaciones), la regulación de la moneda (con el fin de evitar futuros crisis inestables); la protección del mercado propio; la intervención en las medidas sociales y otras ayudas del estado (como la infraestructura). 
Todas esas intervenciones tenían reclamadores diferentes que en numerosos casos se contradecían llevando a conflictos.

A modo de ejemplo: los campesinos terratenientes estaban interesados en el proteccionismo; por el contrario la clase media quería evitar de nuevo las especulaciones. Había un grupo económico que estaba parcialmente descontento por la intervención estatal: la burguesía alta. Seguían creyendo en el liberalismo, que resulta comprensible ya que habían sido los que menos sufrieron durante esos años. Sin embargo comprendían rápidamente que las intervenciones estatales tendrán unas ventajas: correos e infraestructura lo pagara el estado con el fin de apoyar la economía; servicios sociales los pagara el estado (y mantiene tranquilo los obreros y empleados); los especuladores serán limitados y controlados por el estado (ya que, aunque den grandes réditos, tenían un riesgo enorme de inestabilizar al mercado); y posibles competidores extranjeros quedarán fuera porque lo impedirá el estado. Medidas que estabilizaban necesariamente al mercado, beneficiando principalmente a la clase social que menos lo necesitaba. 

Obviamente la distinción hecha en ese ensayo entre las tres clases es muy simplificada; ya que se mezcla el ámbito urbano con el rural; y la elite industrial con la elite financiera. Debido a la necesidad de emplear unos conceptos generalistas, el autor pide perdón y ruega tener siempre en cuenta la naturaleza artificiosa y simplista de clase social. Se continúa con un estudio más detallado de las cinco intervenciones estatales:

1.1) Intervención en la bolsa 

La primera reacción ante la crisis de 1873 era muy similar a lo ocurrido en la España del 1875: La real orden de marzo de 1875 aumentaba la autoridad de la Junta Sindical (…) que reducía a la mitad el numero de agentes y aumentaba las fianzas al doble (…) Los agentes por su parte podían pedir garantías a sus clientes („Restauración y Regencia (1874 – 1902)“ en Bolsa: Revista Mensual de Bolsas y Mercados Españoles, numero 157, 32); y 1886 se proclamó un nuevo código de comercio. 
En Alemania se espero hasta la segunda crisis (1882 – 1886), en concreto 1884 (justo el momento más difícil en los Estados Unidos) cuando se aumento el mínimo de capital que era necesario crear acciones. Culminó en la publicación del HGB (Handelsgesetzbuch = código legal sobre el comercio). De esa manera pretendía excluir el estado la posibilidad de especular con escaso capital, logrando evitar el riesgo de disturbios sociales por movimientos de personas empobrecidos. Finalmente se suponía que cuando se obliga invertir más dinero para crear acciones, se requería una mayor responsabilidad. 
Jason Gould (1836 - 1892)
Por si fuera poco se alargo en numerosos países, entre ellos Alemania, el tiempo entre la creación de una empresa y la llegada a la Bolsa: un año. De esa manera se deshacían las empresas inestables antes de llegar a la bolsa y provocar una posible burbuja que explotaría. Los detalles se concretó en el Reichsbörsengesetz (ley imperial sobre la bolsa) de 1869. Esa intervención del estado resultó ser insuficiente. 

Los peores especuladores eran en innumerables casos personas extremadamente ricas, como el estadounidense Jay Gould. Había intentado aumentar sus riquezas especulando con oro en las bolsas de los estados unidos, provocando por poco una crisis 1869

1.2). Regulación estatal de la moneda – banco emisor 

La base de la economía es el dinero. Hace fluir al capital; es la sangre del cuerpo comercial. Ya hubo en la historia varios problemas con la liquidez: varios (¿incluso todos?) reyes medievales falsificaron el dinero con vistas a tener más ganancias personales (y en consecuencia se reducía el intercambio con monedas), y la gran devaloración de oro, plata y cobre en la edad moderna dificulto al comercio igualmente, por decir unos ejemplos puntuales.

Con la creación de las bolsas (la mencion más temprana sería con Joseph de la Vega) se convirtió el dinero en algo realmente global. Había un gran riesgo, tanto de la inflación como de la deflación. Se necesitaba valores estables orientativos. Era necesario si se quería asegurar la posibilidad de comerciar correctamente, teniendo en cuenta la demanda real del merado y las demandas irreales de las bolsas especulativas. 
Ya 1816 había creado Inglaterra el patrón de oro, ya que la cantidad de oro en el mercado raramente variaba, a diferencia de algodón o acero. Tampoco no se esperaba una invasión del metal dorado y plateado como ocurrió a lo largo de la edad moderna. 
La crisis financiera de 1873 despertó al continente y se fijaron en el ejemplo peninsular. Francia, Bélgica, los Países Bajos y Dinamarca adoptaron el patrón de oro, Austria, Japón y los USA les seguían en los años 90 del siglo XIX. En Alemania había una coexistencia con el patrón de la plata entre 1873 y 1907 (HENNING, F.W., Die Industrialisierung in Deutschland 1800 bis 1914, edit. Verlag Ferdinand Schöningh, Paderborn, 1973). España, excepcionalmente, actuó diferente. La salida de oro por pagos al capital exterior invertido en España (…) explican (…) el abandono del patrón metálico en una época en que la mayoría de las monedas europeas estaban definidas o iban a definirse en términos de oro (Restauración y Regencia (1874 – 1902), 31). En efecto la no incorporación al sistema (del patrón oro) era una de las lacras fundamentales de la economía de la Restauración (TIRADO FABREGAT, 27) y de ahí había una depresión real de la peseta (TIRADO FABREGAT, 12) que experimento un fuerte proceso de depreciación, alcanzando la máxima separación conocida en nuestra historia, en el años 1898 (TIRADO FABREGAT, 26). 

Con el objeto de controlar la estabilidad monetaria se fundó bancos estatales, también llamados bancos emisarios (Notenbanken). En Alemania se concedió ese derecho a varios bancos, el que más destacaba entre ellos era la Reichsbank, fundada 1875. Hasta 1888 habían concedido otros 19 bancos cuales habían tenido el derecho de emisión a ese banco; y 1900 cedieron otros seis. Así 1900 había en Alemania solo cinco bancos emisarios. 
La concentración de ese importante deber fue un proceso general en Europa, incluyendo España, donde en 1874, todavía en la Republica, Echegaray había concedido el monopolio de emisión de billetes al Banco de España (Restauración y Regencia (1874 – 1902), 32).

1.3) Proteccionismo 

Mientras que las anteriores medidas afectaron exclusivamente al ámbito mas abstracto, el capitalismo financiero, el proteccionismo tenia claro apoyo de varios influyentes grupos de presión en cada país. En realidad dividía el proteccionismo al mundo occidental en dos bandos: por un lado los librecambistas por el otro lado los proteccionistas, y según las circunstancias económicas cambiaron sus posturas. Alemania, Francia, Bélgica, Italia y los Estados Unidos solían tender hacia el proteccionismo; por el contrario los ingleses, daneses y holandeses solían ser librecambistas. España era, de nuevo, un caso extraño. 

La liberalización 

Lord Palmerston
en la casa baja del parlamento
a lo largo de los debates del
tratado Cobden-Chevalier,
pintado por John Philip 1863.
Un país es librecambista si su economía es capaz de competir o mejor superar a los competidores de otros países, permitiendo la libre importación y exportación tanto de productos propios como extranjeros. Eso era el caso con Inglaterra. 1846 había suprimido el último gran obstáculo, la aduana del trigo. Conforme iban industrializándose los países, se iban abriendo al librecambismo. 1860 crearon Francia e Inglaterra con el tratado Anglo – Frances (o Cobden-Chevalier) un mercado común (¿una especie de antecedente de la Unión Europea, se podría decir?).
Realmente Napoleón III había aceptado eso con el motivo conseguir el apoyo de los ingleses en sus aventuras italianas, ya que los industriales franceses protestaron energéticamente contra el librecambio. Como la mayor parte de los países europeos eran agrícolas, escasos países defendían al proteccionismo. De esa forma El Reino Unido se convertían en el mejor mercado de sus cereales, de sus lanas, de sus vinos, de sus carnes (SABATE SORT, Marcela, “El proteccionismo de fin de siglo”, en Studia Histórica – Historia Contemporánea, volumen 17, edit. Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, 1999, 108). 
Los agricultores cerealistas del norte de Francia, los viñeros franceses del sur, los granjeros del algodón norteamericano y el trigo de Alemania: todos gozaban del librecambismo. Sin embargo, en España serán paradójicamente los hombres del “Trienio Liberal” (...) que no tendrán mas remedio que conceder un fuerte proteccionismo con el fin de poner a salvo del trigo nacional (ALMUIÑA FERNANDEZ, Calso, „El proteccionismo cerealistico castellano en el XIX“, en historia 16, numero 41, 57); de todas formas 1869 se inicio el librecambismo con el ministro de hacienda Figuerola

No solo el cereal se iba abriendo el mercado sino también otros productos, como hierro bruto.
En la grafica superior se puede ver como desde 1868/69 se iba reduciendo los precios de las aduanas
de 20 marcos para cada tonelada a 1 en 1873. 

El proteccionismo continental 

Hubo una serie de circunstancias que provocaron el renacimiento proteccionista. Entre 1865 y 1876 se sufría unos años de pésima cosechas (HENNING, F.W, 56) en España y Italia, y al mismo tiempo llegaba considerable trigo barato de los USA y de Rusia, evitando de esa forma muertes hambrunas. Sin embargo, la “competencia del grano ultramarino y rusa (…) provoca el desploma de los precios agrícolas en Alemania, Francia, Escandinavia, Italia y países Bajos, y reprime las rentas de los campesinos autóctonos” (SABATE SORT, 110). El campo agrario se veía amenazado. A pesar que la clase baja gozaba de precios bajos de pan, se aliaron los campesinos con los industriales con el fin de formar una alianza proteccionista contra la amenaza de la competencia (SABATE SORT, 113). 
De esa forma se crearon en Alemania la alianza entre grano y hierro (Bündniss von Roggen und Stahl) (Z – Welturkunde, 208), en Francia los cerealistas del norte quienes en 1860 aún habían estado a favor del librecambismo cambiaron su opinión; incluso los viñeros se aliaron, ya que una plaga había deshecho sus uvas. Tan grave era su situación que ya en 1880 los vinos importados son mas que los exportados (SABATE SORT, 118). 
En España, los grupos de presión y los periódicos El Norte de Castilla (fundada 1856) y La Crónica Mercantil (fundada en 1863) lograron, junto con los industriales de Cataluña y el País Vasco, terminar con el librecambismo en 1875. Cuando entre 1822 y 1892 llegaron los liberales fusionistas en España al poder, vuelve el librecambismo por un momento, ya que la arriba mencionada plaga filoxérica por los viñedos franceses alentó una fuerte demanda del vino común español. Entre 1875 y 1892 el transporte de vinos (…) se quintuplico (Restauración y Regencia (1874 – 1902), 30). En 1892 terminó ese breve periodo y se imponía el proteccionismo de nuevo. Cuando el ministro Maura años mas tarde intentó reformar el arancel, los intereses cerealisticos castellanos se convirtieron en un poderoso grupo de presión antirreformista (ALMUIÑA FERNANDEZ, 81). 

¿Qué peso tenía el mundo agrícola en ese mundo industrializado? Aún en el siglo XIX su importancia era considerable. A modo de ejemplo: Alemania era uno de los países mas industrializados en el continente de Europa, aun así la mitad de la población adulta trabajaba en el sector primario. Debido al crecimiento demográfico importaba especialmente el trigo, como ocurrió en España. 1861 / 1870 las importaciones en grano y harina representaban el 4,5 % de la producción nacional y en 1877 / 1879 un 20, 22 % (SABATE SORT, 118).
Evidentemente los agrícolas nacionales de todos los países querían protegerse contre el trigo extranjero, para sus propios beneficios. Los industriales europeos a su vez querían proteger sus fábricas crecientes contra los productos ingleses e americanos – como Cataluña con su industria textil o el país vasco con su hierro. Francia había intentado caminar un camino moderado – siendo proteccionista, hacia tratados excepcionales con otras naciones, como Bélgica, Portugal, España, Holanda, Noruega y Suiza. Ahora bien: como la situación agrícola se empeoró se elimino esos tratados con el arancel Meline en el año 1891. 
Francia abandonó su excepcional camino, reduciendo los tratados favorables en hojas insignificantes. El movimiento proteccionista, en suma, encontró un factor de apoyo en la idea de que podía contribuir a la defensa del trabajo nacional (SABATE SORT, 111). Había una constelación de fuerzas sociales, intelectuales, políticas y economías. 
 Bismarck aplicó 1879 la aduana alemana sobre trigo, madera, hierro y ganado. Estaba presionado por los partidos conservadores como el Zentrum (el partido católico), donde había abundantes intereses agrícolas e industriales medianos. Esas medidas iban contra el partido liberal (Nationalliberale). 
Los industriales potentes, quienes al inicio habían estado escépticos con el proteccionismo, veían rápidamente que de esa manera podían crear más rápido un monopolio o claro dominio en el mercado nacional. Finales de los años 70 del siglo XIX cerraron Francia y Alemania sus mercados; en los años 80 les seguían Noruega, Austria – Hungría, Suiza, Bélgica, Italia, Suecia y Portugal, finalmente en los años 90 España y Francia (eliminado los tratados excepcionales). 
Desde 1911 Europa estaba lleno de aranceles que favorecían de ninguna forma el libre intercambio, manteniendo los precios elevados y dejando el control del comercio y la producción en unos pocos empresarios. 

El proteccionismo ultramar - EEUU

En los Estados Unidos la situación era diferente. Tenían una industria avanzada que era capaz de competir con la alemana y la inglesa; su agricultura poderosa exportaba el trigo de todos los otros países europeos. Aun así la economía norteamericana no había sido librecambista. Todo lo contrario: era muy proteccionista con su propio mercado. Lo que apoyaban era el librecambismo de otros países. Con anterioridad a la guerra de sucesión la tendencia hacia tarifas mas bajas culminó en 1857, cuando los intereses sureños relacionados con el algodón y el tabaco eran aun políticamente fuertes (SABATE SORT, 124). Con posterioridad a la guerra de sucesión se seguía con esas medidas. 
Caricatura sobre el imperialismo del dolár,
siglo XIX.
La contradicción de las ideas simultaneas librecambistas y proteccionistas se podía ver en el arancel de MacKinley de 1890, que incluía una cláusula interesante: La idea era promover la colocación de los excedentes estadounidenses en los mercados latinoamericanos, y con ese fin, la cláusula reconocía al presidente la facultad de suspender la libre entrada de azúcar, melazas, café, te y pieles (…) en el supuesto de que los países de origen tales artículos pudieran considerarse injustos o no razonables (SABATE SORT, 125). No había mejor manifestación del imperialismo del dólar. 
Brasil, España (Cuba y Puerto Rico), Inglaterra (Barbados, Jamaica, Trinidad, Windward Islands, Guayana), El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala tenían que aceptar ese arancel, y seguían otros aranceles proteccionistas, como el arancel Payne – Aldrich de 1909. 

Los últimos librecambistas 

En ese mundo, que fue liberal en el sentido económico hasta 1878, quedaron solo tres países librecambistas: Inglaterra, Dinamarca y los Países Bajos. La explicación era bastante fácil: en esos países la conexión entre los sectores productivos (industriales), agrícolas y el sector del capital era muy fluido. Los bancos y compañías accionistas ingleses, holandeses y daneses invertían su dinero en proyectos y empresas de otros países. Para ellos no era necesario cerrar su mercado para otros productos, ya que solían tener una industria potente, como era el caso con la fábrica del mundo: Inglaterra. El siglo XIX era el siglo inglés, y no tenían que temer ninguna competencia. En todos esos tres países la agricultura no era muy relevante, solo el 20 % de la población activa trabajaba en el sector primario, a diferencia de Alemania, Francia y los países mediterráneos. 
Por esa razón los países bajos dejaron el proteccionismo, comenzando con la eliminación de los aranceles en 1862, y dejaron sus mercados abiertos pesar de que su agricultura de trigo y patatas estaban sufriendo a lo largo de la década de los 70. (LADEMACHER; Horst, Geschichte der Niederlande, edit. Wissenschaftliche Buchgesellschaft Darmstadt, Darmstadt, 1983, 242 – 248). La razón principal que permitía a esos dos países su camino excepcional eran las colonias: importación barata de productos primarias valiosas y la posibilidad de vender los productos indústriales en esas mismas colonias de nuevo. Más aún Inglaterra, ya que el 40 % de los productos ingleses iban a las colonias (SABATE SORT, 122). 
Obviamente, esos países librecambistas no meran liberales idealizadoras. Con la Fair Trade League inglesa de 1881 se preconizaría la imposición de derechos de represalia (…) sobre los productos originarios de países que no dejan entrar libres de derechos a los (productos) manufacturados británicas (SABATE SORT, 121) y en la Tariff Reform League de 1903 se aclaro que sobre los productos manufacturados se tendría que pagara un 10 %, sobre trigo el 7 % y sobre carne y lactosa 5 %. Eran medidas proteccionistas suaves en comparación con las otras naciones, y similares a las decisiones tomadas en los países bajos y Dinamarca. 

Concusión 

El librecambismo favoreció únicamente las naciones que previos al siglo habían desarrollado una fuerte industria con acceso a propias colonias, como era el caso ingles y holandés. Los otros países – tanto coloniales como Francia, España y Bélgica, como los sin colonias o los que los adquirieron más tarde, como los USA, Alemania y Austria, usaban del proteccionismo para evitar que sus mercados se hundan bajo los productos industriales ingleses. 
De esa forma conseguían algunos países igualar la producción inglesa, siendo capaces competir con ellos, como ocurrió con los Estados Unidos y Alemania. Ahora bien: ¿Por qué ese viaje por el mundo proteccionista? Porque el proteccionismo protegía y limitaba únicamente al mercado real y dejaba fuera a la bolsa. El dinero podía viajar por todo el mundo libremente; y en consecuencia provocaba alguna u otra crisis pequeña. Realmente el proteccionismo era una medida que no afectaba al capital, pero reducía indirectamente las consecuencias negativas de una especulación financiera ya que un mundo sin ser librecambista no permitía la creación de un mercado global, y por ende no concedía mucho poder al capital abstracto. 
Las negativas son evidentes: el proteccionismo no favorecía los precios, los productos en los países eran de mala calidad o de un coste elevado. Cuando a partir de 1918 comenzó la era del comercio global, cuando lentamente se empezaba eliminando las barreras comerciales, se permitían grandes proyectos, se podían crear empresas multinacionales y se comenzó con una producción masiva asequible para la mayor parte de la población. 
Eso si: también significaba el comienzo del crecimiento de la bolsa. 

1.4) Intervención en medidas sociales - Situación de la clase baja 

Como ya se ha mencionado varias veces las victimas reales en vez de ser la clase alta o clase media fue la clase baja: campesinos pequeños, jornaleros, y cada vez mas los obreros urbanos. Al inicio el librecambismo y las crisis habían sido ventajosos: había una fuerte deflación, los precios caían; pero el paro existente se mantenía. Con el proteccionismo y la estabilización monetaria cambiaron las circunstancias: los salarios de los obreros crecían simultáneamente con los costes, lo que causó que en realidad era imposible hablar de un crecimiento de riqueza en la vida diaria.

HENNING, F.W, 220.

Ese grafico muestra el desequilibrio: los sueldos medios de obreros (Löhne) crecían de 100 a aproximadamente 160 marcos mensuales; ahora bien: los costes de alquiler (Mieten) que se tenía que pagar crecía más rápido. Igualmente subieron los gastos de la comida diaria: el pan, antes por el trigo americano y ruso muy barato, era debido al proteccionismo más caro porque se tenía que comprar el pan con trigo de su propio país, que encima de ser productivamente costoso; sufría de vez en cuando cosechas malas. Como tanto los precios como el paro comenzaron convertirse en problemas graves, se veía necesario una intervención estatal con el fin de evitar posibles movimientos de la población; acompañado con una cierta filantropía por la clase media y alta. 
Las dos medidas de mayor uso fueron las cajas de ahorro y los servicios sociales. De esa forma en Alemania legisló Bismarck en 1879 una serie de leyes sociales con vistas de integrar al obrero alemán en el estado, como la seguridad social para enfermedades en 1883, la seguridad para accidentes en 1884 y la seguridad social para inválidos y ancianos en 1889. Al mismo tiempo se prohibía el partido social – demócrata (Die Deutsche Geschichte, Volumen 3, Braunschweig, 2001 & Informationen zur politischen Bildung – Das 19. Jahrhundert 2, Numero 164, München, 1993). 
En otros países como Inglaterra ya se había hecho esas medidas medio siglo antes, de ahí el motivó de la tardía aparición de un partido socialista; sin embargo tanto el estado español como el estado recién fundado de Italia eran incapaces de aplicar medias similares por la falta de una economía que podría financiar esos proyectos. 
La segunda medida aplicada, menos estatal y más privada (y filantrópica), eran las cajas de ahorro. En la mentalidad del burgués medio, lo mejor que se tiene que hacer con el fin alcanzar algo, era ahorrar – y con las cajas de ahorro se podía integrar y animar mejor a la clase baja. Con este tipo de entidades la burguesía trataba de generar organismos con capacidad de captar el pequeño ahorro proveniente de las clases populares urbanas y ponerlo en circulación dentro de los circuitos financieros ordinarios (MARTINEZ SOTO, Ángel Pascual, “Las cajas de ahorros españolas en el siglo XIX: entre la beneficencia y la integración en el sistema financiero” en Revista de Historia Económica – Journal of Iberian and Latin American Economic History, año 18, numero 3, 2000, 621 y 622). La mayor parte de las cajas y montes que se fundaron (…) lo fueron por la iniciativa privada (MARTINEZ SOTO, 622). A pesar que eran proyectos privados, el estado se ocupo de “estimular” este tipo de iniciativas (MARTINEZ SOTO, 622), como ocurrió en España con el real decreto de 1875 y la ley de 1880 en las que se promueve la fundación de cajas y monetes en todas las provincias donde no existían (MARTINEZ SOTO, 607).
La creciente importancia de las cajas de ahorros (que incluso en el primer decenio de 2009 habían resultado ser las entidades financieras más estables) se manifestó, a modo de ejemplo, con los datos de las cajas de ahorro alemanes. 



En la tabla superior se observa en miles de millones del antiguo marco alemán la importancia que tenían tanto las cajas de ahorro como las cooperativas de crédito en Alemania. Con posterioridad a la crisis de 1873 se había aumentado la importancia de las cajas de ahorro a 2.78 miles de marcos, lo significo que poco más o menos un tercio de todo el capital fluido alemán eran ahorros. Esa tendencia creció hasta 1913: con corta diferencia la mitad de todo el capital alemán estaba en manos de las cajas de ahorros, y por poco la otra mitad (22.04 miles de marcos) estaba en los manos de los bancos de crédito y de los bancos hipotecarios privados (13.55 miles de millones). 




MARTINEZ SOTO, Cuadro 12, 616.

Igualmente en los otros países se notaba un crecimiento similar: las cajas de ahorros de España e Italia crecían continuamente; igualmente como las cajas francesas. Con posterioridad a las épocas de crisis, 1873, se duplicó aproximadamente la cantidad: entre 1870 y 1875 se subió en España de 9,3 a 23,5 millones de pesetas, en Italia de 384,1 a 527,2; y en Francia de 1.425,9 a 1.750,0. 
Una evolución que, a lo largo de los crisis financieras, no hizo más que continuar. Aparte de las medidas mencionadas había otros intentos de intervención estatal: en la infraestructura y en un aspecto más bien formal. Hasta 1873 existían en toda Europa abundantes empresas ferrocarriles privadas. 

De todos modos después de la primera quiebra de bolsa y otros pánicos de ferrocarriles siguientes, como la de los USA 1890, comenzó el Estado a tomar el control sobre el esqueleto de la economía: la infraestructura. Antes financiaban los bancos de emisión los trenes. Cuando estaban desapareciendo o arruinándose, era necesario que el estado mantenga ese esqueleto estable. Los estados nacionalizaron o controlaban los correos, varias empresas ferrocarriles con sus respectivas vías, el gas (empleado tanto para la calefacción como para la iluminación), las redes (tuberías, fuentes, máquinas) de agua potable y mas tarde la electricidad. De esa manera se quería prevenir tanto disturbios sociales por la falta de esos servicios o una explosión de precios, y se quería asegurar la sobrevivencia de la economía. 


HENNING, F.W., 240.

En la imagen superior se puede ver, como en Alemania el número de los trenes privados (Privatbahnen) iban decayendo desde 1875; mientras que el numero de los trenes estatales crecían extraordinariamente (Staatsbahnen). Una medida interesante se tenía en Inglaterra. Por la crisis de 1887 se aclaro que se debe marcar de donde procedían los productos escribiendo el famoso Made in…. en cada producto. 
Los ingleses estaban convencidos que su mercado estaba en crisis por la oleada de productos alemanes (los equivalentes a los productos chinos de la segunda mitad del siglo XIX, si se permite esa comparación) que eran muy baratos aunque de mala calidad; y por si fuera poco solían tener nombres similar a la de los productos ingleses con el fin de confundir al cliente. Tras pocos años esa ley inglesa se volcó en contra de los propios ingleses cuando los productos alemanes comenzaron a tener una calidad cada vez mayor, como muebles o cuchillos (BRÄUNLEIN, Peter, „Made in Germany“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, Hamburg, 2008, 129 – 130). 
Como se puede comprobar, el estado intervino en varios asuntos económicos (la bolsa, la infraestructura, la seguridad social), pero con todo difícilmente podía intervenir en la producción misma. Eso se veía especialmente en los USA donde las empresas productivas eran auténticos estados dentro del estado, cuales defendían celosamente al Laisser Faire.
Las leyes como el Sherman Anti Trust Law de 1890 tenían escasos efectos y hasta 1929 podían mantener muchas empresas su monopolio. Lo mismo ocurrió en Europa: quitando a los sectores vitales (como las redes ferroviarias) no se quería molestar a las propias industrias. 
Por ese motivo se ignoro las protestas en Alemania, cuando la joven y prospera industria química ensuciaba desde 1860 ríos y lagos, poniendo en peligro la agricultura, bebida en sanidad de muchas regiones. Ahora bien: el estado no quería ni podía impedirlo, ya que 1877 la industria química alemana producía a nivel global la mitad de todos los colores sintéticos, convirtiéndose en un gigante financiero alemán (BERNHORST; Ralf, „Die Giftmacher“, en GeoEpoche – Die Industrielle Revolution, Numero 30, , 2008, 131 – 137).