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26 may 2017

La castillo-fortaleza Regenstein

Introducción

El norte de Alemania es un paisaje plano. La mayoría de sus fortificaciones medievales necesitaban defensas adicionales como fosas de agua o la existencia de pantanos, o se construían en puntos neurálgicos como puentes y cruces de rutas comerciales.
Todo es liso - excepto la cordillera Harz, en el centro del norte de la actual república federal. Alrededor y dentro del mismo Harz se construyeron numerosos castillos medievales y fortalezas modernas. Incontables señoríos, condados y ducados defendían sus minúsculas propiedades con gruesos muros ubicados en los picos de los montes del Harz.

El castillo medieval Regenstein

Plano del castillo medieval:
1: Torre de Homenaje, 2: Capilla, 3: Sala
4: Prision, 5: Sótano (Almacén), 6: Muros (destruidos)
7: Almacén, 8: Kemenate (sala con cimenea, destruida),
9: Cocina, 10: Camino de acceso a la antigua torre residencial
(destruida), 11: Pasillo, 12: Portal de acceso,
13: Teufelsloch (sala subterranea), 14: Restos del muro,
15: Salas de exposición, 16: Muro (destruido), 17: Foso.
Uno de esos castillos más emblemáticos es la castillo-fortaleza Regenstein. Inicialmente era un castillo de la dinastía de los condes de Regenstein, que comenzó existir con Conrad I. de Regenstein, un hijo del conde Poppo I. de Blankenburg. La primera mención de Conrad y su castillo proviene del año 1162.
El pequeño castillo tiene todas las ventajas posibles: La roca era piedra arenisca, lo que posibilita convertir literalmente el pico de uno de los montes del Harz en un castillo y la altura permitía controlar todo el recinto llano de su alrededor, dado que el “resto” de la cordillera estaba en dirección oeste.
La familia Regenstein necesitaba y se aprovechaba de su valor estratégico: No pasaba tiempo sin tener querellas, peleas o guerras con al menos uno de sus vecinos. Especialmente solía haber tensiones con el obispado de Halberstad y la abadía de Quedlinburg.

Vista del castillo desde la entrada de la fortaleza.

El muro oriental del castillo, con el foso que hoy en día es un camino (17).

Única entrada medieval: El enorme agujero de en frente albergaba al puente levadizo, justo por detrás está la torre de homenaje. Hay una escalera a la derecha del puente, para aceder por una puerta (12, 1).
 
Inscripción medieval, en el camino de acceso al Teufelsloch. Se puede leer (transcrito): 1090 Día de la Santa Ana (13). 

El Teufelsloch (agujero del diablo), posiblemente servía para limpiar la ropa, o producir cuero (13).
 
Parte norte del castillo, en la izquierda se ve una puerta y ventana hacia una sala, en el fondo comienza el pasillo (11).
   
El pasillo, con arcos restaurados (11).

Sala, junto al pasillo y con una ventana (3).

Vista desde la sala (3).

Capilla del castillo, con tres ventanas y tres puertas de acceso (2).

Exterior de la capilla, vista desde la torre de homenaje (2).

La torre de homenaje (1).
 
Acceso al pasillo desde el sur (11).

Cocina del castillo, con paredes en el fondo muy enoscurecidos (9).

En la izquierda se ve la puerta hacia la cocvina (9), en la derecha la (nueva) escalera. Por debajo se encuentra la escalera antigua que daba acceso a la torre de residencia ubicada por encima del castillo, pero hoy destruida (10).

La torre de homenaje (1) vista desde la ubicación de la antigua torre de residencia (10).
 
En centro-derecha del fondo de la imagen se puede ver la ubicación de dos minúsculas celdas de prisión (4).
 
Plaza donde estaba el edificio del horno (8).
 
Acceso al sótano (vista desde el sótano) (7).
 
Vista del sótano (6).

La fortaleza moderna Regenstein

Plano de la castillo-fortaleza Regenstein:
A: Baluarte "Vogelsang" (en el corazón del antiguo castillo),
B: Plaza de la primera iglesia de la guarnición (en frente de la
antigua capilla del castillo medieval),
C: Parte destruida de la fortaleza en 1736, D: Puesto de vigilancia,
E: Inscripción de la ocupación francesa, F: Baluarte "Mühlberg",
G: Depósito de armas, H: Casa del comandante,
I: Mesón de la fortaleza, J: Casita de la fuente,
K: Baluarte "Friedrich-Wilhelmsburg", L y M: Baluarte
"Karlsburg", N: Baluarte "Scharfe Ecke",
O: Entrada principal, P: Segunda iglesia de la guarnición,
Q: Salidas de emergencia y/o ataque, R: Escalera
Con el avance y desarrollo de la tecnología militar (la pólvora, cañones) los castillos medievales perdieron su valor defensivo. Algunos dueños los modernizaron con nuevas defensas, los convirtieron en palacios residenciales con ventanas, espacio y decoración artística o simplemente lo abandonaron. Los condes de Regenstein se inclinaron en el siglo XV por la última posibilidad y se fueron a vivir en un palacio.
El castillo, ahora abandonado, se decaía en ruinas. Cuando en 1599 murió el último de los Regenstein, el castillo pasó por la mano de muchos dueños, hasta que se adueñaba en 1671 el príncipe elector Federico Guillermo de Brandenburgo del antiguo castillo.

El principado elector Brandenburgo (que desde 1701 era el nuevo reino de Prusia) reconoció el valor estratégico de Regenstein para proteger sus propiedades en occidente como en el norte, y construyeron alrededor del castillo medieval una moderna fortaleza.
Un conflicto con un vasallo desleal local obligó la rápida fortificación: Ya en 1671 se comenzó con la construcción, y a fin de año se finalizó con la excavación de una fuente de 197 metros de profundidad (!), dado que hasta entonces su falta había sido un punto débil del castillo medieval.
Igual como las modernas fortalezas de Pamplona o San Sebastián, tenía Regenstein ahora sus bastiones, pequeños muros gruesos y elementos arquitectónicos con forma de partes de estrella para los cánones.
Sin embargo, no se quedó mucho tiempo con el nuevo rol de fortaleza: En 1757, durante la guerra de los siete años (1756 - 1763), lo conquistaron los franceses. El siguiente año lo recuperó Prusia, pero durante la reconquista explotó el depósito de pólvora, inutilizando la fortaleza, que se abandonó después de la guerra. Despúes, en 1758, ordenó el entonces principe lector Federico II de Prusia la inhabilitación definitiva de la fortaleza.

Entrada a la fortaleza (O).

Fosa de la entrada a la fortaleza (O).

Fosa de la entrada a la fortaleza (O), en el fondo se puede ver la escalera (R).

Esquina de unón de los baluartes "Karlsburg" y "Friedrich-Wilhelmsburg" vista desde afuera de la fortaleza, despúes de curzarlos por un tunel construido despúes del abandono de la fortaleza.

El baluarte "Friedrich-Wihlemsburg" desde afuera.

Ubicación del antiguo depósito de armas (G), solo permanece la estructura tallada en piedra.

Foso al lado del baluarte "Friedrich-Wihlemsburg" (K).

Vista desde el baluarte "Friedrich-Wilhelmsburg" hacia el castillo medieval (K).

Antiguo molino de viento, construido en el baluarte "Mühlberg" (= Monte del molino) (F).

Vista al fundamento de la segunda (y nueva) capilla de la guarnición (P), con el baluarte "Friedrich-Wilhelmsberg" en el fondo (K).

Del mesón solo permanece la estructura tallada en la roca (I).
 
En el antiguo foso del castillo medieval se encuentran hacia la derecha dos salas talladas en la roca, de la edad moderna (en frente del C).

Una de esas salas talladas en la roca servía como establo (en frente del C).

La otra sala era un depósito (en frente del C).
 
Del tiempo de la ocupación francesa proviene la Flor-de-Lis tallada en el castillo (E).
 
Justo por debajo del castillo se intentó construir el baluarte "Vogelsang", de la cual no se ha conservado apenas nada (A).

En el fondo a la derecha se ve el antiguo almacén militar (G), en el fondo a la izquierda del baluarte "Mühlberg" (F) con los restos del molino, y justo en frente a la izquierda se ve partes de los restos del antiguo mesón (I).

El lugar turístico Regenstein

La por segunda vez abandonada castillo-fortaleza Regenstein comenzó con su segundo renacimiento en 1812. El nacionalismo, que nació durante las guerras napoleónicas, despertó el interés por el pasado de una nación, y en Alemania glorifico el romanticismo nacionalista la edad media. Cuentos legendarios se contaban de Regenstein, como la siguiente: Un día, el conde de Regenstein encerró a una princesa en su castillo. Ella rasco durante un año en la pared de arena arenisca con su anillo. Se libró, huyó, y volvió con ayuda para castigar al conde. Pero no estaba más. Cuando le buscaron, miró a través del agujero por la cual se había escapado la princesa, y vio al otro lado al conde sufriendo en el infierno. Le perdonó, tirando su anillo a través del agujero.
En Regenstein se celebraron fiestas medievalistas, torneos de caballeros, varias asociaciones historicistas cuidaron del castillo, incluso se construyó un hotel y una gastronomía en el pico del monte, dentro de la fortaleza, para los turistas. Así es Regenstein, hasta hoy día, un lugar turístico.

Al lado del depósito militar tallaron en 1892 los miembros la asociación "Harzklub-Zweigverein Halberstadt" un túnel entre los dos baluartes "Friedrich-Wilhelmsburg" y "Karlsburg", nombrando su destrucción "Raubgrafentunnel" o "Túnel del conde villano".Posiblemente era el resultado una idea romanticista medieval, que el baluarte de la edad moderna necesitaba un túnel que recordase a la edad media.

Placa conmemorativa de la destrucción, instalada por la misma asociación.

Paseo a través del túnel.
 
Entre el castillo medieval y el baluarte "Mühlberg" había un hotel y una gastronomia. Para mejorar la calidad se decidió en 1930, construir en la cima del baluarte "Friedrich-Wihlemsburg" un depósito de agua de hasta 30 cubimetros.
 
Incisción del mapa de Alemania en 1939, cuando Austria ya formaba parte del III. Reich. Se puede encontrar en el lado este del baluarte "Mühlberg", y posiblemente se hizo entre 1939 y 1945 por visitantes nacionalsocialistas.

Entre 1871 y 1914 jugaba Otto von Bismarck, el canciller quien unifico Alemania, un papel muy importante en la memoria de los nacionalistas alemanes. Numerosos monumentos se construyeron en toda Alemania, o se plantaron arboles como en ese caso. La asociación "Harzklub-Zweigverein Halberstadt" - la misma cuyos miembros tallaron un tunel porque si - plantaron en el 1. de abril 1895, el cumpleanos de Bismarck, el arbol.

Finalmente hay la plaza del torneo, que sirve para hacer las jornadas medievales con sus torneos, tradición desde el siglo XIX.

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11 mar 2016

El renacimiento imperial: El dibujo rupestre de Hermann Wislicenus (1879 – 1897)

Introducción: La obra de Hermann Wislicenus

Una vez finalizada la restauración del palacio palatino de Goslar, se encargó al artista Herman Wislicenus dibujar un dibujo rupestre para la sala superior del edificio principal, que durante la primavera, el verano y el otoño de la edad media había servido como sala de reunión y tribunal del emperador.
Es un enorme cuadro, que ocupa tres de cuatro paredes (la cuarta es el frente de ventanas). Dicho cuadro es una obra artística historicista, con fines propagandísticos, convenientes para quienes lo habían encargado al mismo artista. Es decir: Se idealizan eventos puntuales de la historia que se consideran importantes, y se diferencia dos temas muy puntuales.
Se puede diferenciar entre dos temarios. Por un lado se idealizan ciertos emperadores medievales, destacando sus características positivos (o, por influencia romántica, dramáticas), que sería el primer temario.
Por el otro lado se enmarca lo anterior mencionado en el segundo y principal temario: El renacimiento del (primer) imperio (medieval) en el año 1871 con el (segundo) imperio de la edad moderna, que es la síntesis de los aspectos positivos ensalzados.

Distribución de las imágenes.

El primer temario: Los emperadores medievales engrandecidos (Imágenes 1 – 8)

El primer tema es la glorificación de sucesos importantes de la historia durante el primer imperio alemán, el sacro imperio romano (800 – 1806). El mensaje es claro: Hubo un periodo en la historia, cuando los emperadores alemanes hacían cosas, gobernaban sin competidor menos el mismismo papado, sin parlamento ni democracia, y sin la decadencia absolutista Eso si: Desde el punto de vista de Wislicenus y sus contemporáneos.
La manifestación de poder y gloria imperial se refleja tanto en el hecho de construir el palacio palatino de Goslar en la cima de la colina, por encima de la iglesia, y en sus luchas contra el papado romano. Y lo que Herman Wislicenus consideraba (junto a sus contemporáneos) como representativo para esa fama imperial, lo ha dibujado en seis escenas, de orden cronológico de izquierda a derecha.

En concreto vemos, respetando el orden interior:


  • La primera escena (1) representa a Carlos I Magno, el primer emperador franco del sacro imperio. Sentado en un caballo, rodeado de soldados y un obispo, recibe la rendición de los bárbaros paganos tras destruir su árbol sagrado, que se encuentra a su derecha. Aparte de la manía historicista de dibujar todos los germanos con cascos alados o coronados, es una imagen muy interesante. Porque los bárbaros paganos, quienes ven que su dios germano es falso, eran los sajones, cuya cultura consideraban los alemanes del siglo XIX digno de admirar. ¡A pesar de que acaban de perder sus símbolos religiosos, no son representados como unos guerreros derrotados! Su jefe permanece incluso en pie, solo inclina ligeramente la cabeza y demuestra su espada sin entregárselo como debería haber ocurrido en un cuadro como vencedor. Esta primera imagen pretende representar la integración de los sajones en el sacro imperio, ubicado entre 772, cuando había comenzado Carlos I Magno la conquista de los Sajones, y 804, cuando concluyó aplastando una revuelta sajona.

  • En la segunda escena (2) observamos Enrique II, quien es coronado junto a su esposa Kunigunde por el papa Benedicto VIII. Es el único representante de la primera dinastía real alemana, los Ottones, y llama la atención que Wislicenus haya elegido justamente a este Otón. Por si fuera poco, a espaldas, sin verle la cara. Ni fue el primer emperador alemán (eso ocurrió con Otón I en 962). Posiblemente se entiende esta imagen bien con el contexto de la tercera escena. Dado que el papa Benedicto VIII domina claramente la imagen, se puede interpretar como el inicio de la corrupción del poder imperial por la influencia eclesiástica. Es el papa quien corona al emperador, la iglesia otorga el poder a la nobleza. Por ende, Enrique II, quien con su conquista del sur de Italia de los bizantinos renueva el Ottonianum (la unión de estado e iglesia), contribuye al conflicto posterior entre papa e imperio.

  • La tercera escena (3) es un claro posicionamiento a favor de la fuerza laica imperial. Se representa a Enrique III, en caballo y poderoso, con un papá prisionero, Gregorio VI (en traje rojo), cruzando los montes Alpinos. Rodeado de soldados, fue él quien instaló en Roma un nuevo papa. Cuando llegó 1046 para coronarse en la eterna ciudad como emperador, se encontró con tres papás rivales. Los destronó, arrestó a uno de ellos (Gregorio VI), y nombró un nuevo. Los siguientes tres papas también lo serán por su decisión. Era el último emperador teocrático quien controlaba al papado romano. El destructor de esta teocracia imperial se encuentra en la misma imagen: Junto a los pies del caballo, vestido de negro, va un clérigo con cara amargado, cabreado, el monje Hildebrand, secretario papal. Este será en un futuro el nuevo Gregorio VII, quien comenzaría la disputa de investidura, un conflicto de un siglo entre corona e iglesia.

  • En la cuarta escena (4) vemos Enrique IV, un importante protagonista de la discusión de investidura. El papa le excomulgó, lo que significa que le expulso de la iglesia católica. ¡Ningún vasallo tenía que obedecer le, hubiera sido su fin! Para evitarlo, visitó al papa y espero en frente de su castillo durante tres días, con una camiseta y en pleno invierno, pidiendo clemencia. Ese plan, el viaje de Canosa, era una táctica magnifica, dado que el papa no podía rechazar tal actitud sin perder todo el apoyo. Estaba obligado perdonar a Enrique IV, quien recuperó todo su poder. Pero ese viaje a Canosa, la suplica al papado – a pesar de ser una jugada maravillosa, se consideraba en el siglo XIX indigno para un emperador. Por esa razón aparece esa escena en una imagen pequeña inferior a la escena dibujada, mientras que el protagonismo tiene un Enrique IV anciano, quien proclama la paz de Maguncia (1103), tras una rebelión local.

  • La quinta escena (5) nos enseña el famoso momento, cuando Enrique el León, duque de Sajonia y Baviera, el príncipe más poderoso del sacro imperio, rechaza ayudar a Federico I Barbarossa, su emperador. Federico incluso se arrodilla frente a su vasallo, lo que ocurrió en Chiavenna (1176). Una escena observada por sorpresa por parte de la corte que les rodea. Es una escena de máxima humillación de un emperador, cuando su vasallo desobediente no respeta su juramento. Es más dramático por el hecho que Enrique debe el ducado de Baviera gracias a Federico. Esa escena tiene su razón en la corriente del romanticismo, dramático. De todos modos, unos años más tarde, en 1181, perderá Enrique en Erfurt todo lo que fue suyo.

  • La sexta escena (6) es un invento historicista: El emperador Federico I Barbarossa en plena batalla durante la tercera cruzada contra los árabes musulmanes. Solo: Participó en la cruzada, pero nunca en una batalla (excepto enfrentamientos puntuales contra bandidos turcos). Y no era más un joven con su barba roja, sino ya era un anciano cuando participó en la cruzada. Aparte de los fantásticos uniformes musulmanes, todas inventadas. A pesar de la confusión historicista, el mensaje es muy claro: Ese emperador, humillado por Enrique el León en la anterior escena, no solo le derrota, sino lucha victorioso contra los infieles musulmanes. ¡Musulmanes que se parecen más a soldados otomanos, un imperio contemporáneo de Wislicenus, que se consideraba decadente desde el punto de vista europeo!

  • La séptima escena (7) es, igual como la segunda, pacifica. Un contraste con todas las otras imágenes llenas de violencia, conflictos bélicos y tensión. Solo, mientras la segunda nos demuestra un emperador inferior al papa católico, esta séptima enseña al parecer al emperador favorito del artista: Federico II, nieto del I. Emperador del sacro imperio y rey de Sicilia, era una persona culta y pacifica. Participó en una cruzada - ¡Pero nunca luchó, sino hizo pactos! Toleró y admiro la cultura musulmana de las dos Sicilias, y en esta imagen se ve como recibe numerosos regalos, no solo ofrendas de valor, sino un globo terrestre, lo que representa su interés científico. Este monarca ilustrado tiene, si se observa la tercera persona a su derecha, con la barba y el pelo blanco, un compañero que nos suena: Es el mismo Herman Wislicenus, quien se ha dibujado en esta imagen tan serena y culta.

  • La octava escena (8) cierra más o menos el ciclo de los admirables emperadores. Martín Luther en el tribunal de Worms, en frente de un emperador joven que apenas se reconoce, junto a representantes eclesiásticos. Ahora uno se sorprende del protagonismo de Luther - ¿No se debería dignificar al emperador Carlos V? ¡No, si tenemos en cuenta quien paga al artista! La dinastía gobernante del segundo imperio, los Hohenzollern, eran profundamente protestantes, y enemigos de la dinastía Habsburgo, que gobernaba Austria.

En ese conjunto de escenas se pueden hacer cuatro observaciones interesantes:

  • La primera (1) y última (8) escena se centran menos en los emperadores, y más en las personas. En el uno dominan los sajones (germanos), antepasados de los Hohenzollern. En el otro domina Luther, creador de la religión protestante de los Hohenzollern. Por el contrato, los emperadores de ambos cuadros no están muy bien representados. Carlos I Magno porque en el fondo se consideraba durante el siglo XIX más como rey francés y menos emperador de alemanes (¡Mientras hoy es el padre de Europa!), y Carlos V era más un belga católico quien gobernaba España y Viena. Es decir, gobernaban principalmente dos países contra los que había luchado (y ganado) Alemania en 1866 (Austria) y 1871 (Francia).

  • La segunda (2) y séptima (7) escena nos enseñan sucesos muy pacíficos, pero mientras el uno centra al papado católico, el otro favorece al emperador sabio, ilustrado. ¿Será un contraste religión – ciencia?

  • La tercera (3) y sexta (6) escena enseñan dos emperadores victoriosos, montados en caballo. El uno domina al papado, el otro aplasta infieles – se ve entonces dos representantes divinos cristianos victoriosos, casi teocráticos.

  • La cuarta (4) y quinta (5) escena es todo lo contrario a las anteriores – demuestran escenas dramáticas, humillantes. Un emperador que se arrodilla frente un vasallo y sigue siendo rechazado – y la otra debería haber sido de Canosa, pero así solo vemos un emperador anciano quien ha logrado la paz de una zona local. Quizás la única parte que se modifico para evitar problemas.

Como hemos visto, procura glorificar el creador con ese primer tema el papel de los emperadores. ¿Qué nos dicen? Que los emperadores medievales eran victoriosos, cristianos y sabios. Al mismo tiempo son sajones (germanos) y protestantes.
Todos los emperadores posteriores a la edad media, cuando eran principalmente de la dinastía católica Habsburgo (enemigos de los creadores del segundo imperio, el reino de Prusia), no se consideraban dignos ni interesaba ser dibujados.
Pero, eso es historia, pasado. ¿O habrá esperanza, habrá renacido esa edad media tan maravillosa como en las novelas del británico Scott?
¡Si!, se podría oír exclamar a Wislicenus y nacionalistas alemanes. Todo ese recuerdo del pasado lo enmarca el artista con el segundo (y realmente, el principal) temario: El renacimiento imperial y el cuento de la bella durmiente.

El segundo temario: El renacimiento imperial (1871) – Escenas I – III

El tema principal está compuesto por tres escenas: Dos a los extremos de la sala y uno central.

En la primera (I) se puede ver una anciana y fea mujer, la bruja, quien lanza su magia hacia una bella joven que se encuentra en su dormitorio en un castillo. ¡No es nada más ni menos que la bella durmiente! Representa la Alemania imperial, que se hecha a dormir.
La leyenda urbana de la edad moderna alemana dice, que el imperio, personificado por el emperador Federico I Barbarossa, se durmió cuando terminó la edad media, para despertarse cuando vuelva llegar a la gloria. Ese es el mito de Kyffhäuser, una montaña con castillo en Turingia, en cuyo interior se quedó dormido el emperador.
Claro, esa leyenda no era necesariamente benevolente para los emperadores católicos Habsburgos, menos aún en los territorios protestantes.


La segunda (II) escena nos enseña un anciano emperador (con corona, espada y traje imperial), quien sale de una cueva: Es Federico I Barbarossa, quien se ha despertado. Un ciervo (el de abajo a la izquierda) le ha informado del renacimiento imperial (la fundación en 1871), igual como los ciervos de Odin, el dios padre supremo de la mitología germana. Los otros ciervos, representantes de la muerte, huyen a la lejanía (arriba izquierda), mientras llega el águila imperial (arriba derecha).
¿Y a donde mira ese Federico, emperador de los tiempos medievales idealizados? A nuestra última imagen, la imagen central.


La escena central (III) es el tema principal de toda la sala. Todo el mensaje propagandístico – los emperadores alemanes son militares victoriosos en caballo, cristiano – protestantes, germanos y sabios – se concentra en el protagonista, que es un señor con barba blanca cabalgando en caballo: Guillermo I, rey de Prusia y primer emperador del segundo imperio alemán.
Esa imagen de éxito y máxima idealización contrasta con los dos imágenes que están a su alrededor (Federico I pidiendo ayuda a Enrique y la insignificante victoria de Enrique IV).
Detrás de Guillermo I va, también cabalgando, Federico III Guillermo, su hijo y sucesor. Dado la edad del emperador, no sorprende que el artista estuviera interesado en dignificar a su heredero.
En la izquierda se ve dos hombres: El canciller Otto von Bismarck, en uniforme “puro”, blanco, quien con un martillo de constructor “construyó” al imperio, y detrás de él el general prusiano Moltke, cuyas tácticas militares posibilitaron junto a las intrigas de Bismarck la unificación.
En la derecha se ven dos mujeres, que son las personificaciones de las últimas conquistas del imperio: Alsacia Lorena (la una tiene la catedral de Metz, la otra la catedral de Strassburg).
Abajo están sentados en un lado Cronos, el dios – titán del tiempo, junto a Germania, que informa al ciervo sobre la recuperación imperial. El mismo ciervo que vuelve a la cueva de Federico I Barbarossa, para avisarle.
Por encima de Guillermo I, como para demostrar al espectador su bendición celestial, están varios emperadores, como (otra vez) Federico I Barbarossa (¡Se nota que emperador era el favorito en el segundo imperio!) a la derecha. Justo por encima de Guillermo vuela su madre, la reina Luisa, que se parece a la misma virgen María. Y por encima de todos ellos están (¡Por fin!) los ¿otros emperadores?….pero no: Son los reyes de Prusia, como Federico III, el grande, que está sentado a la derecha.

Finalmente, los extras de la escena: En la izquierda de la columna se ven todos los príncipes y reyes que cedieron su poder en 1871, entre ellos el rey Luís de Baviera, quien ofrece su corona.
Detrás de la columna de la derecha se encuentran importantes generales y ministros prusianos. Por delante de ellos se han sentado la mujer y la hermana del nuevo emperador, Augusta y Victoria.
Y ese chaval con uniforme azul, quien apenas se ve, es nada menos que Guillermo II. Claro, el artista, cuando se le encargó la obra, dio claro protagonismo a Guillermo, y por su si acaso a su heredero directo, cuando comenzó en 1879. ¡Quien iba saber que ambos murieron en 1888! Y así, cuando finalizó su obra en 1897, Guillermo II no vino a celebrar la inauguración porque se sintió menospreciado por la forma en la que fue dibujado.

Conclusión

Así se cierra el ciclo y el mensaje propagandístico es bastante simple: El imperio medieval (escenas 1 – 8), tan idealizado por los historicistas del siglo XIX, que se confundió con un reinado teutón, ha renacido en 1871 (escenas I – III).
El máximo representante idealizado, Federico I, sale de su cueva, y mira con sorpresa y alegría a su sucesor igualmente mitificado – y, curioso: Ambos tienen las mismas caras.


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