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20 ago 2020

Un breve análisis sobre el populismo basado en la teoría de Kolja Möller (IV)

(Eso es una continuación de la tercera parte del análisis)


La revuelta progresista


Vamos a llegar a la última parte de la obra de Kolja Möller: Su “revuelta progresiva” y su “revuelta buena”. 


Una revuelta progresiva – guiada por partidos como Podemos (España), Bündnis 90/Die Grünen y Die Linke (Alemania), Labour Party (bajo Corbyn) y Synaspismos Rizospastikis Aristeras (de Alexis Tsipras) – procuran movilizar al pueblo, pero sin el concepto identitario como lo define Kolja Möller, es decir: Sin suponer la existencia de una nación preconstitucional a la que se pertenece por nacimiento, sino al contrario. El populismo progresivo hace referencia a un pueblo constitucional. 

El populismo progresivo también se caracteriza por la generalización y popularización de los intereses de grupos concretos (como de minorías discriminadas, las mujeres, etc.), ampliando de esta manera los intereses, pero de una forma constructiva (a diferencia de las propuestas del populismo autoritario, en la que se exige asimilación o expulsión de las minorías discriminadas que ponen en peligro a la “mayoría silenciada). 


La clara visualización de líderes - tanto en partidos populistas de derecha 
(como Ciudadanos o VOS) como de izquierdas (como Podemos o Más País) 
en el fondo sigue la tradición (y el error) de los grandes,
antiguos partidos populares (sin ser populistas, como PSOE o PP).


El origen del populismo progresivo es similar al del populismo autoritario: La globalización y la toma de decisiones “desde arriba” (WTO, IWF, ISICSD, UE) sin pedir la opinión al pueblo. En este sentido se sigue el concepto básico del populismo: Abajo contra arriba, omitiendo la trampa identitaria. 


Ahora bien, según Kolja identifica un grave fallo en el populismo progresivo: Se repite el error voluntarista. La voluntad del pueblo es lo esencial, y si algo no funciona, era porque no hubo suficiente voluntad – así que: La próxima vez se conseguirá los objetivos con MÁS voluntad. Por ello fracasan o tienen dificultades para triunfar.


A mi juicio, se le escapa a Kolja Möller otro error (que tiene también el populismo autoritario): La existencia de “líderes” con los que se asocian los movimientos (como Pablo Iglesias para Podemos).


El “buen” populismo y valoración final


Eso nos lleva al santo grial Mölleriano: La buena revuelta. Que en el fondo es como la revuelta progresiva, pero propone como alternativa de buscar los errores en la voluntad popular en la búsqueda de soluciones factibles. Y eso es el mayor drama que hay, a mi juicio, con su obra: Hace una excelente definición del populismo, una clasificación útil y explica especialmente bien al populismo autoritario o identitario. Solo su “buena” revuelta se reduce, básicamente, en aplicar el lema “tened un objetivo, pero aprended de los errores” (=”Strebt, aber lernt!”), como si el populismo progresivo no lo hiciera. 

Exceptuando esta crítica, me parece una teoría tanto válida como práctica para el análisis de la política de la segunda década del siglo XXI.



5 ago 2020

Un breve análisis sobre el populismo basado en la teoría de Kolja Möller (III)

(Eso es una continuación de la segunda parte del análisis)

La revuelta invertida: El populismo autoritario

Todas las pequeñas revueltas tienen, según Kolja Möller, el peligro de cometer uno de los siguientes errores: 

  • El error voluntarista: Solo con la voluntad del pueblo se puede conseguir cambios (dejando la base socio – económica sin modificar). 
  • El error identitario: Se presupone la existencia de una nación, incluso previa a la formación de cualquier tipo constitucional. Es más, según la índole ideológica se cree que existe un pueblo homogéneo – sean Españoles de raza española o sean Obreros del proletariado. Esos pueblos homogéneos vivían contentos y felices, hasta que el mal llegó del exterior (sean políticos perro flautas o capitalistas chupa sangre) corrompiendo y trayendo el caos heterogéneo al pueblo homogéneo. Esa idea de la existencia de una identidad previa es lo que limita y distrae las metas del movimiento populista. 
  • El error autoritario: Se busca y se apoya a un caudillo, a un líder, quién pretende ser la voz del pueblo. La revuelta, que se inicia alegando que la élite se haya distanciado del pueblo, tiene peligro de preferir como resultado una forma de gobierno autoritario (como ocurrió con Pisístrato en Atenas, Julio Caesar en Roma, Cola di Renzo en Roma, Napoleón en Paris….) y apoyarlo de forma tanto pasiva como activa. 

La gran mayoría de los movimientos populistas – tanto el populismo autoritario como el populismo progresivo – suelen cometer el error voluntarista. Sin embargo, en cuando cometen (encima!) el error identitario, los clasifica Kolja Möller como Revuelta invertida o Populismo autoritario.

Logo del populismo autoritario: El adjetivo identitario es la nueva
forma para hablar de un nacionalismo racista sin nombrarlo.
Eso es cuando se cree en la existencia de un pueblo homogéneo previo, con límites claros, cumpliendo el estereotipo de un hipotético nosotros. Para un populista identitario un Español es, quien ha nacido en España, tenga padres Españoles, sea católico, tenga una piel clara y no se identifique con el nacionalismo catalán o vasco. Y posiblemente prefieren que no sea homosexual ni transexual, tenga un, mejor dos niños y apoye al rey. Así eran los Españoles, desde la edad antigua, desde que llegaron los visigodos (pero para nada pueden tener antepasados de los árabes, sirios ni bereberes musulmanes, eso sería inaceptable). Este sería la imagen utópica de un populista identitario - porque AQUÌ es, cuando el populismo, que es un enfrentamiento entre el pueblo y la élite, añade esta componente identitaria: Un nosotros contra un ellos. En la diferencia Pueblo/Elite ahora hay también un Nosotros/Ellos. Solo que Ellos no tienen que ser miembros de la élite, y miembros de la élite también pueden formar parte de nuestra identidad. El populismo autoritario sería la lucha simultánea tanto contra una élite (una minoría poderosa que discrimina la mayoría y se ha distanciado de ella) como contra unos enemigos de la identidad del pueblo (que pueden ser incluso otras minorías, pero con menos o sin poder).

Santiago Abascal (España), Björn Höcke (Alemania),
Marine Le Pen (Francia) y Matteo Salvini (Italia): Politicos ejemplares
del populismo autoritario.
Con este concepto se entiende como la AfD alemana y la VOX española puede identificar como enemigo una supuesta élite poderosa y financiera (universitarios y profesores perro flautas, medios de comunicación mentirosas, bancos internacionales judíos, etc.…) y al mismo tiempo minorías completamente ajenos del poder (migrantes violadores que se aprovechan del estado del bienestar y simultáneamente logran quitar el trabajo modo gato de Schrödinger, musulmanes terroristas, etc.…). Por eso Trump es capaz de ver uniones y conspiraciones entre una élite del partido demócrata y los trabajadores ilegales mexicanos, por eso Viktor Orbán ve una conspiración detrás de los refugiados sirios y el multimillonario George Soros: Porque en todos los casos los populistas de derechas se identifican como miembros de UN pueblo homogéneo, que es atacado por una élite que a su vez no quiere formar parte de dicho pueblo y se aprovecha de otras minorías para intercambiar las razas, sustituyendo los “pueblos originarios” (ya que fueron al parecer Españoles quienes lucharon incluso contra los cartaginenses sin que lo supieran) por migrantes fácilmente controlables. (Por curiosidad, esta teoría conspiratoria se denomina el gran reemplazo). Obviamente, el mismo peligro corren los movimientos populistas de izquierda, pero hasta 2020 no hay movimientos que se asemejen en grado de importancia a los movimientos populistas de derecha.

La manera de identificar al pueblo con características biológicas, pseudocientíficas y/o religiosas hace que el conflicto nunca se terminará, dado que es imposible proteger la homogeneidad de un pueblo en una sociedad que siempre se está transformando. El conflicto se convierte en permanente, y el orden que promete el populismo de derecha, en algo utópico.

Trump, Marie Le Pen, la AfD: Todos ellos son populistas porque luchan contra una supuesta élite – pero SIEMPRE cometiendo el error identitario, volcando de esta forma a la revuelta: Diciendo que luchan contra los de arriba (como Merkel), se enfocan en luchar contra los de afuera (como los refugiados).
Un hermoso ejemplo para evitar el error identitario es el video musical del satírico Jan Böhmermann de marzo de 2016:

En este video contrasta Böhmermannlas definiciones de los pueblos. Por un lado está la identidad del pueblo pre-constitucional como lo ve el populismo de derechas: El alemán gris, blanco, con mente conservadora - cerrada, discriminatorio, en contra del alemán multicultural, colorido, que incluye todas las personas, independiente de orientación sexual, religioso y pro decencia. En el primer caso tendríamos la Alemania identitaria que busca la exclusión, mientras la otra Alemania es la integradora.

Una vez cometido el error identitario, llama Kolja Möller la atención sobre la muy probable caída en los otros dos errores:

  • El error voluntarista se convierte en una política de aclamación: El populismo de derechas cree, que todos saben, quien es del pueblo, y todos saben, que hay que hacer. La voluntad del pueblo ha de ser homogéneo, no se reflexiona, sino solo se acepta, se aclama, se está de acuerdo en lo que hay que hacer – la autocrítica brilla por su ausencia. El pueblo aclama - aplaude, hace gritos de apoyo ante todo lo que se decida. Se tiene una paradoja: La voluntad del pueblo es manifiesta – pero al mismo tiempo, se impide toda voluntad critica, ya que puede ser contraria. Eso lleva a que no se discute lo que se declara como voluntad del pueblo, y fue la mayor justificación para todos los regímenes totalitarias. 
  • El error autoritario – de allí que esta forma de revuelta invertida también lo denomina populismo autoritario. El populismo de derechas – al menos hoy en día, verano del 2020 - aún no es fascista, dado que aún no otorga (a diferencia del fascismo originario) hacia la violencia una potestad creativa. Sin embargo, Kolja Möller recuerda que no se puede ignorar todas las investigaciones sobre el fascismo: Siempre hay el peligro de caer al autoritarismo. La Falange, el fascismo italiano y el nacionalsocialismo fueron movimientos rebeldes, proletarios y anticapitalistas – y su crítica a las élites se manifestaba en su fuerte antisemitismo y un temor de supuestas conspiraciones comunistas. Lo mismo puede ocurrir hoy de nuevo, y un Björn Höcke podría ser, igual como un Santiago Abascal, un nuevo Führer o Caudillo. 
 
Kolja Möller intenta explicar las causas del éxito del populismo autoritario, sin embargo, su tesis – se educa a las futuras generaciones una identidad egoísta, un YO egoísta contra el solidario NOSOTROS – no me convence mucho, pero estoy de acuerdo con su definición sobre este tipo de populismo autoritario. 




29 jul 2020

Un breve análisis sobre el populismo basado en la teoría de Kolja Möller (II)

(Eso es una continuación de la primera parte del análisis)

El populismo es – según Kolja Möller – un tercer camino de participación del pueblo al poder, aparte de una auténtica revolución o la participación institucionalizada (huelgas, oposición, manifestaciones, fundaron de partidos, etc.). Un tercer camino que también denomina como pequeña revuelta, algo que, según su teoría, existió siempre en las sociedades como camino medio entre los dos extremos participativos.

Basándose en los textos de Karl Marx y Friedrich Engels identifica Kolja Möller tres puntos débiles que tiene el populismo:
Propaganda nacional-
socialista: Triunfo de
la voluntad.
  • El error voluntarista. El pueblo es el soberano – y por ello, si se quiere obtener el éxito, se necesita la voluntad popular para obtenerla. Si no se consigue, la voluntad del pueblo no era suficiente – un hábito, que incluso se observa tanto en la URSS histórica como las democracias parlamentarias: Si la sociedad / el pueblo obrero se esfuerza lo suficiente, se logran todas las metas que se desea. Ese santo grial – con voluntad lo consigues todo! – es el telón de Aquiles. No la voluntad es la solución, sino el análisis de sus obstáculos: La organización estatal, política, social o económica pueden ser los mayores obstáculos para conseguir las metas.  Porque una buena voluntad se puede deshacer, si por ejemplo el aparato burocrático es tan lento y complejo, que lo desenreda por completo al final del camino.

  • El error identitario. La esencia del populismo es la crítica hacia la élite, que se haya distanciado del pueblo – ahora bien: La definición de lo que es el pueblo suele ser a menudo muy diversa. Según Kolja Möller muchas tendencias populistas cometen el fallo de presuponer la existencia de su propia versión de un pueblo – sea el “pueblo obrero” o “el pueblo español” – sin especificar ni concretar lo que es. Así un movimiento populista debería constituir, formar, crear (cada vez de nuevo) su concepto de lo que es el “pueblo”. Por ello, los movimientos populistas derechistas como VOX y AfD son identitarias porque presuponen la existencia de un pueblo español o alemán, incluso antes de la creación de una constitución. De allí la razón por que muchos movimientos populistas también pueden migran de izquierda a derecha (y viceversa) como ocurrió con el Movimiento de los chalecos amarillos franceses – nos encontramos tanto con grupos comunistas como con neofascistas, ideas anarquistas mezcladas con conceptos liberales – porque cada uno tenía “su” interpretación de pueblo, y todas suponían que la identidad de “su” pueblo ya existía, tratándolo como algo obvio.
Populistas de la derecha alemana, los identitarios, quienes presuponen
la existencia pre-constitucional de un "pueblo alemán", que
suponen en peligro por un "cambio de pueblos" organizado por una
Élite izquierdista del gran capital neoliberal - independiente de la valoración
sobre la coherencia de su crítica: Su aparato propagandístico (colores, uso de simbología
y de las redes sociales) es exitoso. 

    Pisístrato (600 - 527 a.C.)
  • El error autoritario. Los movimientos populistas tienen una tendencia hacia el autoritarismo, otorgando el poder al tirano que ellos mismos eligen. De allí, por cierto, el origen del concepto de Tyrannis: Una persona llega al poder absoluto por una revuelta populista: Pisístrato fue el primer tirano de Atenas, llegando al poder por conseguir manipular la asamblea popular, y se mantuvo gracias al pueblo. Otro ejemplo magnificó fue Napoleón I (y también Napoleón III): Ambos se convirtieron en emperadores – dictadores! – amados y apoyados por el pueblo, y se justificaron estando en el poder por voluntad popular. De hecho, eso fue la razón por la que Napoleón I. jamás fue visto por sus co-monarcas europeos como uno de los suyos.
 
Esquema
De esos tres errores pecan – de mayor o menor medida – dos de las cuatro clasificaciones del populismo de Kolja Möller: La revuelta invertida y la revuelta progresiva. Su solución – la buena revuelta – intenta superar esos errores. Pero quisiera empezar con el cuarto tipo, dado que no encaja a mu juicio bien con su estructura: La revuelta contraria: El Antipopulismo.
 
Cartel propagandistico del populismo derechista AfD con la frase
Nosotros somos el pueblo! - Wir sind das Volk!
El Antipopulismo es – Sorpresa, lo indica la propia palabra! – la reacción negativa ante cualquier forma de populismo, independiente de su índole ideológico. El pueblo ya tiene, en una democracia, su representación en la constitución, de la cual emana el poder de todas las instituciones. La constitución ES la representación del pueblo, y no un movimiento populista que reclama “NOSOTROS SOMOS EL PUEBLO!”.
Por ello, tanto en los medios como en los discursos de la mayoría del las instituciones y de los políticos, se crítica y se distancia del populismo.
No obstante, destaca Kolja Möller: Si la solución del Antipopulismo es la eliminación del mismo – no está funcionando. Los partidos populistas de extrema derecha están en los parlamentos (la AfD tiene 89 de 709 asientos, la Linke 69 en el Bundestag, VOX tiene 52 y Podemos 35 en el Congreso, etc…) o políticos populistas en el poder (Brasil, EE.UU., UK, pero también Giuseppe Conte en Italia y Alexis Tsipras en Grecia). Como para Kolja Möller el populismo siempre ha existido de mayor a menor medida durante la historia, no se puede ignorar, porque las protestas institucionales al parecer no son suficientes. Es más, la continua critica del populismo resulta ser contraproductivo: 

Mejor publicidad, para llevar a los hombres jóvenes entre 15 y 25 años a los brazos de los identitarios, no hay (Página 101).

Por eso, es mejor analizar, clasificar y entender al populismo – y conseguir integrarlo, como tercer camino, usando al buen populismo. De las tres clasificaciones pendientes hablaré en la siguiente publicación.


22 jul 2020

Un breve análisis sobre el populismo basado en la teoría de Kolja Möller (I)

Introducción
La pandemia del populismo (El Diario, 29 de marzo del 2020), Corona-Pandemie: Populismus tötet (Spiegel, 10 de abril del 2020) o una serie de noticias „The New populism“ (The Guardian, Marzo–Abril 2019) – el auge del populismo ha llegado al la vida diaria, se ha convertido en el  ,ainstream político.  De mayor o menor medida reaccionan historiadores, sociólogos, politólogos o publicistas ante la oncienciación mediática y de la sociedad sobre una  nueva corriente política - ¿pero realmente es tan innovador?
MÖLLER, Kolja, Volksaufstand & Katzenjammer,
edit. Wagenbach, Berlin, 2020

El término del populismo es antiguo – solo que hasta hace pocos años era un término usado por estudiosos de las ciencias políticas o historiadores (si por ejemplo si hacen referencia de los populares romanos y sus respectivas guerras civiles). Eso cambió cuando tras la Gran Recesión del 07/08/09 (ya tenemos nuestro Crack del 29 para la selectividad!) en numerosos países (primordialmente occidentales) surgieron movimientos políticos que culminaron en la fundación y reestructuración del mundo político, o donde con éxito llegaron políticos al poder, cuyo auge anteriormente ni era imaginario. Me refiero a las fundaciones de (o las transformaciones a) partidos como Movimiento 5 Stelle (2009), Synaspismos Rizospastikis Aristeras (2012), VOX (2013), AfD (2013), Podemos (2014), el breve auge sorprendente de la ya antigua UKIP en 2015, o el auge político de personas populistas como Donald John Trump en los Estados Unidos (desde 2017) o Jair Bolsonaro en Brasil (desde 2019). Todas estas organizaciones políticas y personas políticas tienen en común que se clasifican o son clasificados bajo él (ya muy amplio) adjetivo del populismo.

Después de una década se nota como un cierto desprecio hacia el término del populismo – tanto desde la izquierda como desde la derecha se acusa al bando opuesto de ser un populista de derechas o de izquierdas, y se asocia al populismo con el uso activo de las emociones irracionales, oprimiendo el uso de la razón, para escuchar únicamente al quién más grita. Por ello me pareció interesante entender un poco mejor este término y este concepto, leyendo para ello “Volksaufstand & Katzenjammer” (2020) de Dr. Kolja Möller de la Facultad de Derecho de la Universidad de Bremen.

Una definición del populismo

Según Kolka Möller – y otros sociólogos y politólogos que menciona en su libro – el populismo es una corriente política muy antigua. Lo refleja haciendo referencia a la poca conocida pero muy llamativa revuelta romana orquestada por Cola di Rienzo de 1347, cuando llegó al poder gracias al pueblo romano, pero lo perdió tras pocos meses tras la fuerte resistencia del papado y la nobleza romana. Kolja Möller clasifica a Cola di Rienzo como político populista. Según él, se puede clasificar la participación del pueblo en el poder con tres categorías diferentes.

Tres formas de participación

  • El pueblo participa haciendo una auténtica revolución, clasificada también como Gran Revuelta, cambiando por completo la estructura política y el reparto del poder. Los que anteriormente tuvieron el poder, lo pierden por completo, la vieja jerarquía se elimina, incluso se invierte: Los que estaban abajo, ahora están arriba, los que eran mandados mandan.
  • El pueblo participa empleando los mecanismos políticos existentes, como a través de elecciones, referéndums, en la oposición, en manifestaciones y huelgas puntuales. El pueblo puede, usando las vías institucionales ya establecidas, hacer cambios políticos, dado que está en un estado cuyo poder emana de la soberanía del pueblo constitucional. Evidentemente, esa forma de participación del pueblo solo es factible en estados democráticos o que tengan un mínimo de funcionalidad democrática.
  • El pueblo participa haciendo la pequeña revuelta. Según Kolja Möller falta esta tercera categoría, falta algo entre una oposición parlamentaria y una revolución autentica: La critica a la política actual y la petición de un completo reajuste jerárquico del poder, pero sin cambiar al sistema entero. A diferencia de una gran revolución se quiere reanudar con el sistema político existente – criticando a los partícipes del sistema y a parte del sistema, pero sin desear crear un sistema político completamente nuevo. Hace referencia a las personas, que sienten que los mecanismos políticos existentes no son suficientes, no se sienten bien representados, pero tampoco quieren cambiar al sistema entero.

Según Kolja Möller, la pequeña revuelta surge cuando los ciudadanos sienten o acusan a la élite (social, política, financiera) de haberse emancipado y separado del pueblo, exigiendo una recuperación de un buen gobierno. Esa pequeña revuelta es lo que clasifica como populista: Los populistas se ven como mayoritarios y se sienten oprimidos por una minoría. Un ejemplo simple sería, por un lado, cuando populistas de izquierda critican la discriminación de la mujer, y cuando populistas de derecha critican el lenguaje políticamente correcto: En ambos casos (independiente de la realidad!) se sienten atacados y oprimidos por una élite que consideran minoritaria (en el caso de los ejemplos, en el primer caso sería una élite machista del patriarcado, mientras en el segundo casó tendríamos una supuesta la élite cultural-liberalista).
Esa inversión jerárquica, este cambio de abajo hacia arriba, existió según Kolja Möller durante toda la historia, y se manifestaba incluso en las arcaicas sociedades indígenas de Norteamérica (las culturas que fueron estudiados por Pierre Clastres y Christopher Boehm): Cuando un líder empezó a separarse demasiado de los intereses del pueblo, este pueblo lo destituyó del poder. Solo que dicha inversión jerárquica se podía hacer de numerosas maneras: Asesinando a la élite con una revolución, mofándose de ella, o mediante mecanismos de control institucionales.

⇒ La política populista es una pequeña revuelta, que desea invertir la jerarquía del poder, considerando que la élite se ha separado del pueblo, pero sin cambiar la estructura política por completo. Siempre se basa la política populista en la primicia de la soberanía del pueblo, de la cual según la constitución surge todo el poder político.

Diferenciación

Esos movimientos populistas se diferencian de los movimientos de protesta y de la política popular, según Kolja Möller:

  • Greta Thunberg y el movimiento Fridays-for-Future.
    Los movimientos de protesta (Como No-Deshaucios, Occupy, los movimientos antinucleares, Fridays-for-Future, etc…) en sí no son movimientos populistas, porque tratan temas que afectan a la sociedad, pero solo se enfocan en temas y ocasiones muy limitadas (vivienda, medioambiente, etc.). Sin embargo se pueden integrar perfectamente y formar parte de políticas populistas, sea el medioambiente en el partido alemán Die Grünen o para el tema de los desahucios en Podemos.
  • La política popular (lo que hacen supuestamente todos los antiguos grandes partidos, desde el Partido Popular español hasta los socialdemócratas alemanes) procura – en teoría – hacer política para todo el pueblo. Pero no es populista, porque una característica del populismo es la crítica a la jerarquía política de la que no forma parte. Por ello, aunque muchos políticos de Podemos o VOX estaban de alguna u otra forma participando en la política, nunca fueron dirigentes o tenían gran potestad de poder hasta la fundación o el auge real de sus respectivos partidos políticos. Por ello, el caso de Donald Trump y los Republicanos es especialmente llamativo y tan ejemplar al mismo tiempo: Trump critica a la élite – de la que su propio partido según el populismo forma parte! Los republicanos serían un partido popular que quiere representar al pueblo entero, pero su jefe de partido Trump actúa como un político populista (en su caso, Trump hace referencia a la élite de izquierdas).

De todos modos la política populista destaca, según Kolja Möller, por reutilizar, reciclar y mezclar elementos de las viejas, grandes ideologías políticas, como del liberalismo, del socialismo y del conservadurismo.


Contexto geopolitico

Kolja Möller concluye su definición con un paseo ejemplar por los movimientos que considera populistas a lo largo de la historia reciente, para ubicarlo también geográficamente:

  • Un ejemplo del populismo de derecha, cuando se acusa a Obama de ser
    comunista (en esencia, antiamericano) por ser visto de la Tea Party
    como miembro de la "Elite izquierdista".
    Norteamérica: El populismo estadounidense se destaca por mezclar tener dos corrientes: Por un lado la crítica de una mayoría (refriéndome al punto de vista de los supuestos afectados) religiosa-conservadora del mundo rural hacia la minoría atea-liberal de las ciudades de la costa, que se combina con una mayoría de pequeñas empresas y granjeros contra la minoría de las grandes empresas multinacionales capitalistas. De allí la posibilidad que se mezclen las dos corrientes, culminando en el movimiento populista Tea-Party de 2009, donde cristianos conservadores de clase media-baja y multimillonarios como David H. Koch criticaron al Big Government (por entonces, el demócrata Barack Obama). Pero ya un siglo antes hubo un breve movimiento similar: La Farmers Alliance de 1887, que se convirtió en 1891 en la Peoples Party, tenía muchas semejanzas, hasta su final en 1900: Unos granjeros pequeños del centro de los estados unidos se veían amenazados por las grandes empresas capitalistas de las costas, y encima dichas empresas las consideraban como ateas y lascivos - mientras que a sí mismo se consideraban buenas personas de moral cristiana. Cristianismo conservador + Pequeñas empresas rurales VS. liberalismo ateo + grandes empresas multinacionales. Otro tema aparte es la evidencia incoherencia real que Donald Trump no vive como esos valores, lo que nos interesa es la motivación de los votantes de Trump y la razón de éxito. 

  • Nicolás Maduro es un ejemplo de la transformación que puede
    provocar el populismo: Hacia un gobierno más autoritario.
    Iberoamerica: Desde los años 70 había dos corrientes políticos opuestos: Por un lado los movimientos populistas neoliberales, por el otro lado los movimientos populistas de izquierdas. Ambas tenían (y tienen) en común que hacen referencia al deseo del pueblo, a luchar contra unas élites corruptas. En la primera década del siglo XXI dominó el movimiento populista izquierdista, con los peronistas Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, el Chavismo venezolano y Correa en Ecuador. Sin embargo – algo que se tiene que tener en cuenta como Kolja Möller destacará más adelante: El populismo tiene tendencias autoritarias, y eso es lo que pasó por ejemplo en Venezuela. Durante los últimos años se ha volcado la ideología, y el populismo derechista (como con Bolsonaro en Brasil) está en auge. 

  • También la AfD alemana de Björn Höcke tiene el riesgo de convertir
    el sistema politico democrático hacia un sistema autoritario,
    como ya se está reflejando ahora.
    Europa: En Europa los populismos de ambos lados ideológicos surgen, según Kolja Möller, como reacción ante la globalización, los actos de la Unión Europea y el tema de la migración. Especialmente fuerte está el populismo derechista, que combina dos corrientes diferentes, pero ambas nacionalistas: Por un lado el concepto como pueblo económico (Los otros nos quitan a NOSOTROS el dinero), por el otro lado la interpretación nacional – socialista del pueblo (NUESTRA gente sufre el paro, etc…PRIMERO ayudamos a los NUESTROS, y después los OTROS). 

En la siguiente parte intentaré explicar los cuatro tipos de pequeñas revueltas que existen según Kolja Möller.


3 jun 2016

La situación geopolítica de Pakistán y Afganistán

¿Qué importa Pakistán?

No se puede entender lo que ocurre en Afganistán – su continua inestabilidad política, la existencia de la Taliban o la gran importancia de los Warlords del Opio – desde el fin de la guerra fría sin tener en cuenta su vecino mas semejante, Pakistán.
Cuando en occidente se habla (en las noticias, en los ensayos o durante la sobremesa) sobre Afganistán y la necesidad de la retirada de las tropas occidentales (principalmente estadounidenses), se suele olvidarse del contexto geopolítico. Al menos, fuera del ámbito de los gobiernos y los expertos.
Uno de esos expertos, el pakistaní Ahmed Rashid, publicó tres libros analizando la situación política tanto de Pakistán como de Afganistán: Taliban, Sturz ins Chaos y Am Abgrund. Él considera importante informar sobre esos asuntos tan complejos y tan desconocidos en occidente, y lo explica con esmero y muy comprensible.

Su último ejemplar, Am Abgrund – Pakistán, Afganistán und der Westen, se enfoca en el periodo cuando Obama era presidente estadounidense. La razón de ese periodo elegido reside en la importante dependencia financiera de los militares pakistaní respecto los Estados Unidos.

Pakistán y sus principales actores

Pakistán es un país con una situación geopolítica delicada.  Un país sunnita, con un vecino chiíta poderoso en su oeste (Irán), un vecino hindú el su este (India), cuyo gobierno les considera enemigos. Rusia y China, otros dos gigantes, son vecinos cercanos.
Rodeado de tantos países, poderosos en población, economía y lo militar, el único país al que pueda influir Pakistán es su vecino, aún más débil (y, excepto las invasiones sovieticas en los años ochenta y la estadounidense en los años 00, olvidada en occidente desde el siglo XIX): Afganistán.  
Les importa tanto a los militares pakistaní como su servicio de inteligencia (ISI) controlar Afganistán. No quieren encontrarse completamente rodeados. Solo: Su forma de control se expresa en el apoyo de grupos terroristas, como Al Qaida y Taliban, incluyendo otros grupos extremistas que inestabilizan la región india de Casimir.
Una política que considera Ahmed Rashid, el experto pakistaní, peligroso.
Por un lado se deterioró la imagen de Pakistán, cuando en 2011 mataron unidades especiales estadounidenses Osama bin Laden, quien residía a medio kilómetro de la única y prestigiosa academia militar de Pakistán. Es poco probable que había vivido allí sin que nadie de ejército ni servicio de inteligencia hayan tenido noticia – o, peor, tendrían admitir que no se habían dado cuenta que el hombre más buscado de la tierra durante 10 años se encontraba en una amplia villa en el corazón de una de sus ciudades.
Por el otro lado, se vuelven los grupos instrumentalizados en contra de Pakistán. Así se separó hace media década un importante grupo de los Taliban de Afganistán y se convirtieron en los Taliban pakistaní. Desde entonces luchaban unos  en Afganistán contra los Marines norteamericanos, pero otros contra del propio ejercito pakistaní. Esa política militar de apoyar unos grupos terroristas y luchar contra otros es confusa. Dificulta, incluso imposibilita según Ahmed Rashid la paz en Afganistán, poniendo en peligro Pakistán.

Ahmed Rashid explica numerosos otros conflictos locales, como en Waziristan (una provincia pakistaní) o el FATA. Según su opinión hay cinco actores de los cuales, por sus decisiones, depende la paz y guerra en Afganistán y Pakistán:

  • El ejercito pakistaní, cuyos militares se enfocan única- y exclusivamente en India como enemigo. Marcados por sus derrotas en las anteriores guerras entre India y Pakistán, tienen un miedo (que considera Ahmed Rashid irracional) de encontrarse rodeados por sus enemigos. Apela en mejorar, al menos normalizar, las relaciones entre ambos países.

  • El servicio secreto pakistaní, el ISI. Se ha convertido en un estado dentro del estado, actúa relativamente independiente, apoyando de forma selectiva grupos terroristas islámicos. Sin embargo, perdió el control sobre muchos de esos, quienes se volvían en contra de Pakistán. Por el otro lado, se enfoca igual como los militares en que India sea el peor enemigo – y que por eso haya que controlar Afganistán para que Kaubl jamás sea controlada por Nueva Delhi.

  • El gobierno civil pakistaní, que destaca por su debilidad y su miedo en luchar contra sus militares y agentes. Así pierden el apoyo popular e a nivel internacional pierden su fiabilidad.

  • Los Taliban de Afganistán. Según Ahmed Rashid, han cambiado. Ellos saben que no podrán gobernar nunca en Afganistán sin colaborar con el gobierno de Kabul, y Ahmed Rashid recomienda negociar y cooperar con ellos. Una tesis atrevida que se comprende mejor leyendo su obra.

  • Finalmente, el gobierno indecisos de Obama de los Estados Unidos de América. América se apoyó y apoya en Pakistán como aliado, importante para sus asuntos en Afganistán y como aliado contra el Irán. Sin embargo, realizan ataques de drones contra todos los grupos terroristas sin distinguir – algo que disgusta al ISI pakistaní. Y cooperan abiertamente con su aliado más importante: La india. El considerado archienemigo pakistaní. Desde 2001 la cooperación se había intensificado, pero con la llegada del gobierno Obama al poder, sus relaciones empeoraron, principalmente por las actuaciones ambivalentes de los soldados estadounidenses en ambos países (durante el día apoyan y ayudan la población durante la noche matan terroristas – y numerosos inocentes civiles con sus drones), y por numerosos malos entendimientos. Llegando hasta tal punto que la cooperación se redujo a los mínimos en el año 2015.
  
Tanto la política interior de Afganistán y Pakistán como la relación entre los cinco actores arriba mencionados, los analiza e explica con muchos detalles e información primaria en su última obra. Y haciendo referencias sobre los intereses que tienen Irán, India y China en esa región.

Conclusión

Pakistán es un país interesante, en una situación geopolíticamente privilegiada – y una potencia nuclear, con armas nucleares, y una situación económica y política de lo más inestable. No sin razón llama Ahmed Rashid su análisis “Am Abgrund”, pidiendo que “Pakistán, Afganistán y el occidente” actúen con esmero. ¡Recomiendo su lectura!



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